domingo, 3 de abril de 2016

Benigno, respeto al producto y respeto al vino.





Quienes llevamos muchos años relacionados con Haro ya sea por nacimiento, adopción o simple liturgia existencial, sabemos de sus rincones y lugares cargados de encanto, de luminosidad y de un plus específico de valor añadido, el mismo que no siempre es valorado en su justa medida por aquello de que la rutina suele nublarnos la visión y también por aquello otro de que nadie es profeta en su tierra. La capacidad gastronómica que ciudades como Haro son capaces de transmitir a sus oriundos y
visitantes tiene en establecimientos como Benigno, un símbolo evidente de tradición, respeto al producto y además, algo que por desgracia no siempre es habitual, respeto al vino.
Quien escribe esto, conoce las benditas patatas que ofrecen en este bar de Haro desde que el padre del actual propietario ya las presentaba tras la barra del antiguo aunque muy próximo local para gozo y disfrute de sus habituales y puntuales clientes, algunos de visita por Haro, otros como yo más fieles gracias a la proximidad. Enrique y Charo, junto a su hija, siguen cumpliendo con la tradición, iniciada años atrás y lo hacen siempre con un fiel respeto a la calidad de los productos que ofrecen, pimientos rellenos, alcachofas, puerros, orejas, chorizo, tortilla de patata, una galería en donde la buena historia culinaria de La Rioja milenaria se acerca al cliente que decide traspasar el umbral de la puerta de este bar jarrero, con el aplomo necesario para conjugar sabor con calidad y buen servicio.
Y con buenos amigos de compañía, un plato de patatas regadas por esa salsa eterna que ya muchos elegiríamos como uno de los tres aromas más característicos de la zona de bares del Haro secular y reforzadas por oreja cortada en trozos y guindilla verde, buen pimentón, poco más puede añadirse, acercar un palillo a la creación y ensartar.
Dicen que el picante no es buen amigo del vino, algo que puede ser evidente para catadores, pero una tontería cuando hablamos de pasar unos minutos de despendole gastronomico. Mis queridos lectores saben de qué hablo, seguro.
Elegimos un vino del que acostumbro a escribir en mi blog, de hecho lo hice hace pocos días refiriendo mis impresiones sobre la nueva añada de 2009. Valenciso, buen tempranillo de Rioja, con fruta de Haro, también de fincas localizadas en otros municipios de Rioja Alta, Rodezno, Ollauri, Villalba y Briones. La leyenda llama a la leyenda.
Desde hace ya un tiempo, además, beber un vino en Benigno, cuenta con la virtud de un dispensador de copas, vino climatizado a correcta temperatura, más la posibilidad de seleccionar una referencia de entre una buena colección de vinos, etiquetas de diferente gama y varietales, con lo que los que respetamos el servicio de vino sabemos que en Benigno estaremos siempre bien tratados.
Creo, además, que es justo reconocer a quienes con su trabajo diario y desde la ausencia de endomingadas pretensiones, a veces más ruido que nueces; se esmeran en agradar a sus clientes, con honestidad y mimo, trabajo y puntualidad, materia prima y regularidad. No hay altibajos en la barra del Benigno. Hay ese nexo de unión entre la identidad y claridad de ideas, sin que sea necesario enarbolar cintas de colores y fuegos de artificio, banderas altisonantes que muchas veces y por desgracia nos alejan de lo nuestro, eso que a veces no sabemos valorar en su justa medida.
Mi sincero homenaje por ello a esta familia, que desde este rincón con encanto, muy próximo a la jarrera Plaza de La Paz, ha sabido mantener el pulso firme y un innegable amor por salvaguardar la identidad, por encima de modas pasajeras y complejos cacareos.
Aplauso y homenaje. Y que podamos seguir por muchos años gozando de esas tapas eternas.
Porque la gastronomía tiene mucho de carga emocional, Benigno es algo más que un bar de Haro.

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