jueves, 17 de marzo de 2016

Sierra de Toloño Tinto Tempranillo 2014



Un vino que habla de Rioja sabe a Rioja, y la enóloga Sandra Bravo se recrea en hacérnoslo entender. Primero con el nombre impreso en la etiqueta, sin recalcitrantes expresiones literarias ni usos de lenguaje en escarapela y atributos más propios del universo cómic que de la fascinante cultura vitivinícola. La Sierra de Toloño, con la que algunos privilegiados hemos crecido en la cercanía, seduce por ese aire casi onírico que plantea desde la lejanía, pero también lo hace mediante viñedos como los que Sandra utiliza para defender en el mercado un monovarietal de la casta tempranillo, suave, equilibrado, evocador y profundamente respetuoso con la identidad de un suelo arcillo calcáreo, localizado a seiscientos cincuenta metros de altitud sobre el nivel del mar. Viñedos que se dejan acariciar por influencias mediterráneas y atlánticas, y que como bien afirma esta joven vitivinicultora, están enraizadas en un terreno rocoso, hijo de la sierra que da nombre al vino y de su proceso pausado de erosión. Viñas, en fin, que están situadas en los términos municipales de Labastida y Rivas de Tereso, y en nuestra memoria, la de quienes mamamos leche poco antes de probar el vino de Rioja por vez primera.
Maduración acreditada de seis meses en barricas de madera de roble francés, pincelando en copa parada un cromatismo apicotado de poblada intensidad, con reflejos violáceos y purpúreos, nariz esbelta en cuanto a complejidad, fruta roja en sazón mostrada en primera línea, con retornos de segunda instancia que vuelvan cierta esencia tostada, acompañada por evocadoras notas de balsámica memoria que finalizan la expresión olfativa, convocando en torno a la copa algunas señas de frutos secos y silvestres matices.
Amable en boca desde el primer momento, abraza la fruta madre con sutileza, con una acidez bien amparada que deja escapar guiños de frescura y un paso fluido, aunque encaramando al paladar ese nudillo final de buena fruta de tempranillo.
Taninos golosos y finos, magnífica persistencia, con la retronasal que habla de más frutos rojos, fresas de mata, cerezas e insinuantes ciruelas rojas, afirmando descriptores silvestres, matorral, y balsámicos, regaliz, y acabando, tras un guiño de almendra tostada, con una fervorosa nota sápida y de muy breve pero sabroso amargor que proclama a voces su excelencia.
Uno de esos vinos, y no lo digo siempre, que va sobrado de fruta e identidad.
Lo califico en su añada 2014 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Agradezco a mi buen amigo Ibon Andraka su generosidad, compartiendo conmigo esta botella.

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