viernes, 4 de marzo de 2016

Bodegas Ollauri Conde de los Andes Tinto 2013.





Tras la salida de la casa pairal, Paternina, el proyecto Conde de los Andes adquiere una nueva dimensión, enlazada esta con la historia de Rioja, de una denominación que debe mucho a este kilómetro lineal que se distribuye por el subsuelo de la localidad de Ollauri y que nos cuenta desde la oscuridad de los calados y desde el reverencial silencio, una historia y una leyenda, un pasaje eterno que ahora nos llega en forma de vino, de la mano del enólogo Chema Ryan, hombre de vino con el que pude departir brevemente entre el bullicio del salón de la semana del vino de esta coqueta localidad riojalteña. Adquirida por Bodegas Muriel, esta bodega con encanto propio que incluye en su propuesta una oferta enoturista bien detallada y dirigida por Cristina Hernando, hija de Ollauri y que algo sabe del emplazamiento vitivinícola, presentó en el ya referido evento sus dos referencias.
Comienzo con una crónica del vino tinto en su edición de añada 2013, elaborado con una selección de uvas de la casta tempranillo, vendimiadas en pequeñas parcelas que acreditan una fecha de plantación que cumple con una media de cincuenta años y que se encuentran localizadas en Haro, Ollauri y Briñas. Suelos de componente arcillo calcáreo, dando paso tras la cosecha y con la fruta ya en bodega a un proceso de fermentado que se prolonga durante poco más de veinte días, con remontados diarios y una maduración de catorce meses en barricas de madera de roble francés, añadiendo un año más de afinado en botella antes de su salida al mercado. Se utiliza un porcentaje de mitad de madera nueva.
En presencia de Victor Leiva, otro gran valuarte de la localidad riojalteña, presente en el evento, saqué las siguientes conclusiones sobre la referencia protagonista de esta entrada del blog : en copa parada ofrece un cromatismo apicotado de buena intensidad, con reflejos violáceos e insinuantes púrpura, amaneciendo en nariz recuerdos de fruta roja madura, finos ahumados que dejan paso a ligeros lácticos y un fondo balsámico muy atinado que redondea el conjunto del perfume, aportando prolongación. Equilibrada sensación de complejidad, la fruta siempre por delante.
Boca golosa, con expresión de buena extracción, despliega una racha de frescura que se contonea y que llega hasta el paladar, ducha de fruta, parece buscar la tradición de Rioja pero desvela presente y sobre todo condición y empaque. Taninos maduros y fundentes, con una débil nota de astringencia, pero de esas que quedan integradas en el conjunto y dejan un sello de distinción. No se distorsiona, al contrario centrifuga la influencia de la madera y mantiene en primer plano la tempranillo son solvencia y elegancia. Franca señal de persistencia, con la retronasal que habla de cerezas y ciruelas rojas, algunos guiños de vainillas, punto láctico, con un perímetro balsámico, regaliz y algún fino anisado, abriendo en esta fase de la cata una compuerta que evoca almendra tostada. Amplio y profuso, finaliza con algunas notas silvestres y un corazón que late sapidez.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable. Un vino que avanzará en botella, mediando una guarda responsable, con muy buen tono. Cuestión de perspectiva. Ahí estaré yo para contarlo.
Identidad y buena fruta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario