domingo, 20 de marzo de 2016

Bodegas Muga Rosado 2015




Agradezco a la familia Muga su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino, y de un modo especial que en esta oportunidad y acompañado por Jordi Melendo, pudiera catar este rosado de la edición de añada 2015 en sede de la bodega, en pleno Barrio de la Estación de Haro y en compañía y presencia de Isacín, Manu, Jorge y otros miembros de esta familia de la vitivinicultura de Rioja.
Catar la nueva añada del rosado de Muga es todo un clásico para quien conduce el presente blog, lo es por la facultad de la proximidad y también por el hecho de que significa un ejercicio bonito de contrastes, un juego amable que hay días que incluso se practica por mucha gente a pie de calle.
"Me gusta más esta añada que la anterior", afirman algunos en plena Herradura de Haro. "Pues yo me quedo con el rosado del 2011", discrepan otros. Un juego que para los Muga no es tal, sino más bien un ejercicio de responsabilidad, de lograr siempre una buena calidad del vino lanzado al mercado, cumpliendo con unos baremos de producción y respetando lo que el viñedo, la climatología del año en cuestión y el propio ciclo vegetativo del mismo quieren expresar.
El juego del consumidor siempre tiene un contrapunto en bodega, saber mantener un rigor que sin discusión, ha llevado a Bodegas Muga a ocupar un lugar de privilegio en cuanto a los gustos de quién
elige y compra sus vinos.
No sólo por el cromatismo que está referencia defiende añada tras añada, sino por el plano romántico y legendario que Manuel Muga Peña muestra con orgullo verbal durante la cata del vino, el rosado de esta bodega escenifica un claro homenaje a los claretes históricos de la denominación de los siete valles, con esa pincelada asalmonada pálida, esos brillos cobrizos y un bello recuerdo eterno en esta referencia, el tono piel de cebolla.
Garnacha mayoritaria, con fruta procedente de las laderas opuestas a las de los Montes Obarenes, donde el sol influye menos en la maduración y donde el frescor contribuye a que la fruta resulte más fresca, más apropiada para elaborar un rosado. Menores aportes de viura y tempranillo, siempre con origen en terrenos de composición aluvial y arcillo calcárea.
Tras la vendimia, con la uva ya en bodega, se lleva a cabo una maceración durante doce horas, seguida por un proceso de fermentación alcohólica en depósitos pequeños de madera de dos mil litros, bajo control de temperatura. Tras dos meses de estancia en continentes de madera, se somete a filtrado, previa estabilización por frío y se embotella.
Añada de corte muy frutal, en la que destacan recuerdos cítricos en nariz, descubro evocaciones aromáticas de cerezas, albaricoque, punta suave de piel de naranja, con una muy ligera seña de granada, con algunos lácticos de segunda instancia y un perímetro olfativo balsámico que redondea la fragancia. Boca gustosa, en donde la conjunción cítrica y algunos retazos de fruta blanca se arman en el avance, procurando un buen gesto acidulante y un equilibrado punto de frescura. El paladar abre su puerta abrazando un vino rosado que destaca por un buen empaque y una sabrosa persistencia.
Retronasal que habla de esos frutos rojos, de esas notas de drupas blancas y cítricos, dejando después un recreo cremoso y suavemente balsámico que me acompaña hasta el final de la copa y cata, y más allá. Buena longitud y alcance. Lo califico en esta añada 2015 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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