domingo, 6 de marzo de 2016

Bodegas Castillo de Sajazarra Vega Saja Crianza 2013.




Rioja en el mercado árabe. Una demostración palpable de que el trabajo bien hecho no tiene fronteras. Pude catar este vino con la peculiar contraetiqueta que muestra una de las fotografías de la presente entrada del blog, durante una reciente visita a Jabier Marquínez y Alvaro Ruanes en sede de la bodega Castillo de Sajazarra, todo un clásico en cuanto a mis crónicas en El Alma del Vino.
No en vano, son ya unas cuantas las añadas que voy comentando en este espacio de las referencias que la bodega del castillo defiende en el complejo mercado del vino.
Avisa Marquínez que es un vino que lleva embotellado mes y medio, arriba abajo, y que se exporta a algunos paises norteafricanos, para gozo y disfrute, supongo yo, de aquellas culturas a veces demasiado inmersas en inexactas valoraciones por parte de nosotros, orgullosos occidentales.
La etiqueta Vega Saja comprende una base mayoritaria de la casta tempranillo, con menores aportes de graciano y garnacha, acreditando una maduración de dieciocho meses en barricas de madera de roble francés y americano, con un afinado adicional de tres meses en tinas de roble francés de veinte mil quinientos litros. Seis meses más en botella antes de salir al mercado. Se puede decir que es algo más que un crianza al uso, que pretende alzar la balanza de fruta y madera un escalón más arriba. No busque el consumidor en este vino complejidades extensas, frutas delirantes ó endomingadas muestras de ferviente práctica enológica, antes bien un vino destinado a un bebedor agradecido, que sepa sacar de la copa algo que parece tan simple y sin embargo es tan complejo a veces, como un amable buen rato de Rioja. Fluidez en su avance por boca, desliza en copa parada un cromatismo apicotado de buena intensidad y proyección, con reflejos púrpura, nariz amable con un buen equilibrio de fruta roja y negra en sazón, guiño licoroso no muy afilado, alzando en segunda instancia notas balsámicas y dejando en siguientes cercanías olfativas recuerdos especiados y alguna guía torrefacta ligera, junto a una memoria de almendra.
Siempre y en vinos como el presente, recién embarcado en la batalla del mercado más allá de las paredes de la bodega que le da vida, los comentarios deben realizarse con vistas a futuro, y desde luego dejo mi idea de que es un vino que progresará con rigor en los próximos meses.
Y ello se nota especialmente en la boca, defendiendo un arranque con esencia jugosa, buena acidez, capiteles de frescura que compite y vence en una danza con la madera, los gestos licorosos se dejan notar en el paladar aunque terminan bien integrados en el conjunto, más allá de su perfil fluido hay personalidad y deja clara la calidad de la fruta madre. Taninos maduros y marcados, deja un débil y al tiempo sugerente punto de astringencia, nada preocupante, por contra aporta empaque al vino. Buena persistencia, con una retronasal que amanece marcada por esas memorias de fruta roja y negra maduras, vainillas y balsámicos, torrefactos, frutos secos y una buena longitud que aporta sensaciones de sapidez. Una sabrosa y llena de perspectiva de futuro efigie de Rioja.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable. Irá a más, con buena salud.



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