lunes, 7 de marzo de 2016

Agrícolas Santa Rosa Matamangos CALX 2012




Otra de las bodegas que colabora de modo habitual con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, o al menos esa es mi sincera propuesta.
Referencia novedosa de Matamangos que busca mediante el término CALX, homenajear los suelos de composición calcárea sobre los que se asientan los viñedos que dan a luz la fruta que sirve para elaborar el contenido de esta muestra enviada de modo desinteresado por los responsables de esta bodega hace unos días.
Me encanta catar vinos como este, vinos que precisan de un tiempo de reflexión, que lo dan todo después del descorche, tras un primer servicio en copa, pasando un tiempo, acercando la nariz, abandonando la escena, regresado a ella e incluso poniendo a prueba el vino con el paso de las horas.
Syrah de bajo rendimiento, garnacha tintorera de viñas viejas localizadas a setecientos metros de altitud sobre el nivel del mar, con una maduración de entre nueve y diez meses en barricas de madera de roble francés y americano en proporción paritaria.
Me ha parecido un vino de cata lenta, de esos que hay que mecer con giros de muñeca, mientras se toman notas en la libreta, y es que en el primer servicio en copa aparece tímido, un tanto cerrado, con afluencia valiente de notas expresivas procedentes de la madera, guiños lejanos de fruta roja y algunas negras de menor alcance, licoroso y dejando aromas que surgen desde el interior de la copa con emotividad y rotunda sensación alcohólica. Fíjese el lector que por algunos momentos he evocado aromas de mi infancia, cuando pasaba algunos almacenes vinateros que se apiñaban en el centro de mi ciudad natal, Bilbao. Vino potente, caballo trotón, hay que domarlo. Y tras calzarme las botas de catador, me puse a ello. Cromatismo apicotado de notable intensidad y reflejos púrpura, limpieza de color, asomando en nariz destellos especiados y tostados, frutos secos, torrefactos, perímetro terroso. Tras algunos minutos de aireación, los frutos rojos y menores negros encauzan su vía, adornados en segunda instancia con un punto balsámico.
Hay algunos giros florales en sucesivas cercanías olfativas, pero lo que me llama la atención tras algún tiempo más de mover la copa, es un recuerdo a galleta, a miga de pan, voluntariosos tonos que se recrean en la fase final de la proximidad olfativa.
Detalle : dejé el vino y al cabo de unas horas regresé a su presencia. La fragancia es plena de fruta, con una apertura franca, casi roja en su totalidad, amable, ya con la influencia de la madera en muy segundo plano, más floral y silvestre ahora, menos marcado por torrefactos y tostados.
Por último, recrea notas balsámicas ligeras y un guiño de tierra mojada, que me resulta poco pronunciado.
Boca golosa, desliza una traza sabrosa de acidez, percute en su nota licorosa, abraza el paladar con la fruta muy sutil, taninos marcados y sustanciosos, tal vez una leve astringencia pero en clave de integración, sin resultar molesta.
Prolongado, anuncia en la retronasal memorias de ciruelas rojas, fresas de mata, cerezas, algún arándano, pétalos de flores rojas y matorral, regaliz, acabando en almendra tostada, galleta y una salida fluida con sapidez y una evocadora nota de terrosidad.
Lo dicho : es un vino que precisa paciencia para dar todo de sí, pero doy fe de que termina convenciendo.
Lo califico en esta añada 2012 como muy recomendable.
Pasa de no ser muy identificable a nivel varietal a mostrarse con una sabrosa capacidad identitaria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario