jueves, 11 de febrero de 2016

Laventura Bodega y Viñedos Viura 2013.




Haber compartido un tiempo de cata con el enólogo sudafricano afincado en Rioja, Bryan Mac Robert, es una lección más de vino, una de esas experiencias que no pasan de largo y que desde luego en mi caso contribuyen a una formación, a un aprendizaje ameno y que cuenta con la peculariedad de comprobar como el vino y su cultura no entienden de fronteras fijadas por funcionarios y administrativos bendecidos por el soniquete de las teorías recalcitrantes y la grande boufee de un grupo de interesados amiguetes cuyo nivel de pragmatismo y contacto con viñedo y bodega son directamente proporcionales a su pasión real por este fascinante mundo, totalmente deficitaria.
Lo que uno aprende cuando se coloca delante de este sudafricano hacedor de vinos es precisamente, y sin que él tan siquiera se de cuenta de ello, que el vino es un alimento que cuando se trata con respeto desde su origen, da como resultado brillo y longitud, alcance y consistencia.
Vinos artesanales prestando especial atención a la tierra y a las viñas, objetivo de esta aventura de Mac Robert, con tratamientos mínimos en el viñedo, optimizando en función de cada etapa del ciclo vegetativo de las viñas, los métodos de cultivo.
Utiliza Bryan acero inoxidable, hormigón y roble en sus elaboraciones y sobre todo me deja claro que desea que sus vinos expresen el lugar de donde proceden, por su confesado y me consta que sincero amor por la denominación Rioja, la misma que le ha acogido.
Con un ensamblaje de uvas de diferentes parcelas, este blanco fermentado en barrica en su edición de añada 2013, monovarietal de la casta viura, primero se afirma como lo que realmente es, un vino que progresa y que lo seguirá haciendo y segundo acredita con creces su esbelta figura de vino sin complejidades excéntricas pero con un sello garante de finura y equilibrio, muchas evocaciones aromáticas de ramillete de flores, punto de naturaleza, la misma de la que forma parte del viñedo, sin que ello suponga un esnobismo recurrente. Y es que en esta viura del sudafricano riojano de adopción hay franqueza varietal, buen trato de esta casta blanca, controlado en sus signos verdes, golosa sin alharacas, fresca y con un punto de acidez que no percute y que sin embargo prolonga la expresividad del vino. Y como lecho, esa untuosidad que un vino blanco fermentado en barrica sabe catapultar, escoltando a la fruta madre, logrando que el avance resulte agradable y medio aterciopelado.
Se lo comenté a Bryan y él asintió, un vino que mediante una guarda responsable en botella seguirá creciendo en personalidad, aunque su presente ya deja una clara evidencia de estar delante de una viura tratada con mimo y pasión, pero ante todo con naturalidad.
Cromática amarillo pajiza con reflejos acerados y verdes, aromática que habla de evocaciones cítricas, manzana verde, ciruelas claudia y frutos secos, almendra, buen repertorio floral, acabando con descriptores balsámicos suaves que redondean el perfume.
La boca se muestra golosa, con la acidez bien planteada en el avance, se escenifica la untuosidad bajo la influencia de las lías, viveza y cierto músculo, amable y dotado de propia personalidad, equilibrio y envolvencia. Acaba con una sabrosa llegada, dejando en la retronasal similares descriptores a los narrados en la nariz, golosas señas, fruta y flores, balsámicos y una brisa sabrosa y con un punto de fino amargor final que le dan buena consistencia.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

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