martes, 9 de febrero de 2016

Gastronomía : Huevos Camperos Huevocón.






Mi gratitud para Rafa Balmaseda y su esposa Carmen por la desinteresada colaboración mostrada con este espacio divulgador de la cultura de la gastronomía y el vino, mediando la entrega en mano de algunos de los huevos que sus gallinas ponedoras conceden desde su vida en libertad a todos los que de un modo u otro sabemos y queremos valorar la calidad de un producto tan necesario y ligado a nuestro modo de vida. Las gallinas de esta familia riojana corretean en los parques de su propiedad, ligados a la Reserva de la Biosfera de la localidad de Los Molinos de Ocón, desde que a finales del año 2014 decidieron emprender esta aventura en la que los huevos camperos y su variante azafranada comparten protagonismo con unas aves que, como defiende esta pareja de granjeros contemporáneos, se crían en libertad, con acceso absoluto a los parques y campos de la propiedad y con una alimentación sana y equilibrada, en la que incluso toman parte piezas de sabrosa calabaza, como premio semanal a unas gallinas que los sábados se congratulan degustando el fruto de la ayotera.
Impresos en su cáscara con el sistema ink jet, que asegura una fiel trazabilidad, los huevos camperos Huevocón presentan a primera vista una estructura ovalada con la parte externa que al quebrarse demuestra una primera diferenciación con el resto de los huevos del mercado, en lo que parece un mayor empaque basado en mayor resistencia a la rotura. Y como bien define Carmen, la mujer de Rafa, la yema se exhibe orgullosa, alzada, rotunda, sin concesiones al esparcimiento, bien rodeada por una clara untuosa y cristalina. Caté los huevos camperos en crudo y puedo garantizar a mis lectores que su sabor es intenso, con la estética de las xantófilas, compuestos pigmentados naturales que se incluyen en muchas de las plantas que consumen estas pizpiretas aves; formando parte de una yema sabrosa y que explosiona en la boca, repartiendo toda su estructura por doquier.
La clara, coloide, aporta al conjunto textura y un tono de salinidad que se compenetra de maravilla con la golosura de la yema.
Una de las virtudes añadidas de catar uno de estos óvulos riojanos es la sensación de frescura que resalta al final de su degustación en crudo, en comparativa con la cata en crudo de cualquier huevo de gallinas no camperas. Color, presencia, textura, aroma, todos los condicionantes que dirigen la cata hacia derroteros de muy buena calidad.
¿Qué aporta al consumidor este huevo campero?. Primero, más contenido proteíco que los convencionales, segundo, una clara más compacta que procura mejores aplicaciones en cocina y tercero, ausencia de colorantes artificiales en los productos que consumen las gallinas en libertad, sin que se nutran a base de alimentos modificados genéticamente.
Rafa y Carmen me presentan también sus huevos azafranados, que surgieron de la idea de aprovechar la capacidad que tiene el huevo y sobre todo la yema, de absorber todos los aromas, gracias a la porosidad de la cáscara, tal y como ellos me refieren. Una variante de los huevos trufados que en Huevocón empieza a obtener mucho éxito entre sus fieles clientes.
Me ofrecen Rafa y Carmen una futura visita a su propiedad, y desde luego no rechazo esa posibilidad, cuando llegue la primavera, época en la que estoy seguro que sus gallinas lucirán más gallardas que nunca. Hasta que llegue ese día, sólo puedo recomendar a mis lectores que consuman huevos camperos, en los que la naturalidad y aquello del sabor pérdido y recuperado, cobran especial rigor.
Los huevos camperos de Rafa y Carmen llevan impreso el sello de la calidad, a través del mimo que ellos emplean en la crianza y la alimentación de sus aves en libertad.
En verdad, es cierto, se nota la diferencia. Vaya si se nota...

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