martes, 23 de febrero de 2016

Fratelli Alessandria Barolo Monvigliero 2011.




Primera de las referencias que traigo al blog y que formaron parte de la genial masterclass que Juancho Asenjo concedió a un grupo de privilegiados, durante su reciente visita a Haro. Con sede en una de las coquetas salas de Bodegas Muga, el evento empezó con una formativa y brillante exposición sobre aspectos históricos, geográficos y topográficos de la denominación Barolo, durante la que Asenjo armado por su buena memoria y alguna proyección, fue desgranando algunos detalles de avanzadilla, que luego se completarían con la cata de una selección de vinos de esta apelación italiana, cuyo reconocimiento internacional, como bien insistió Juancho, es relativamente reciente.
De hecho y tal y como manifestó nuestro conferenciante, hasta hace pocos años, los vinos de Barolo se regalaban si el cliente adquiría un buen número de cajas con botellas de dolcetto d´alba, que era el perfil de vino realmente considerado. Pero sin duda a la excelencia termina por llegarle su época dorada, y con estos elegantes a la par que intensos vinos tintos ha sucedido algo semejante.
En concreto y con esta primera referencia, a mi juicio una de las tres mejores de las trece que Asenjo comentó, nos colocamos delante de la colina del Monvigliero, sin duda el cru con más prestigio de Verduno, pequeño municipio de la provincia de Cuneo, suroeste del Piamonte, influenciada por los Alpes, el macizo de Monviso, y las colinas de Roero, Monferrato y las Langas.
Fruta de nebbiolo, vendimiada en una parcela de poco más de una hectárea, con cepas que acreditan una edad media de treinta y cinco años, situadas a una altitud de trescientos veinte metros sobre el nivel del mar y expuestas en una dirección cardinal sur, suroeste.
Los suelos sobre los que se asienta el viñedo presentan una composición calcárea, con influencias arenosas. En su vinificado, se comienza con un proceso de fermentación alcohólica y maceración que se prolonga durante un periodo de entre quince y veintiún días, con temperatura controlada, iniciando la maduración con depósito en toneles de quinientos litros en los seis a diez primeros meses, pasando a nuevos continentes de roble francés y de Slavonia por un tiempo de entre veintidós y veinticuatro meses, finalizando su crianza con dos meses más en depósitos de acero inoxidable y seis meses de afinado en botella antes de su salida al mercado de los mortales.
En copa parada defiende un cromatismo de bella evolución, picota suave con reflejos grana y rubídeos, asomando insinuaciones de tonalidad teja, desliza en una primera cercanía olfativa reseñas de fruta roja licorosa, guindas, cerezas, endrinas, con un punto de avance aromático que describe especiados, balsámicos, anisados, gesticula con evocaciones fruto de la certera influencia procedente de la madera, ligeros tostados, algunos frutos secos, resinas, seña de boudoir femenino, flores secas, siempre de fondo esa sutil fragancia de licorosidad muy controlada y sugerente.
En una segunda y tercera aproximación, con este vino me hubiera ido a pasear toda la noche y parte del día siguiente; insiste en esa memoria de frutos rojos licorosos, añade baúl limpio, caja de puros, mazapán, deleitando con recuerdos de frutos secos ligeramente tostados y algunos tímidos balsámicos. El vino va avanzando en copa y es un delirio comprobar su progresión desde el servicio, tras el descorche.
La boca abre una flor llena de elegancia, tiene una suave traza de acidez y unos taninos maduros y finos, aterciopelado en el avance, acaricia el paladar, esa licorosidad ya observada en la vía olfativa, se convierte aquí y ahora, en una espectacular esencia casi lindante con un espirituoso, sutil, lleno de una espectacular elegancia en forma y fondo.
A medida que alcanza el paladar aporta un grado más altivo, siempre integrado, de calidez.
Buena persistencia, con la retronasal insistiendo en los descriptores aromáticos que llenan los sentidos de una compleja intensidad y de las sensaciones que un Barolo di Monvigliero aporta sin despeinarse. Debo afirmar que en una cuarta y en mi caso, hasta quinta, cercanía a nariz y boca, ha repetido al alza sus buenas condiciones y expresiones. Comento a mi compañero de mesa que por algunos instantes he recibido impresiones evocadoras de guindas y endrinas al licor, pero también de mazapán, de caja de puros y de un peculiar gesto de muy fina terrosidad, que va integrada en la fase final de la retronasal.
Uno de esos vinos que hay que apreciar con tiempo, con paciencia y delicadeza, sabiendo valorar el modo en el que se despliega en copa, con una elegante y brillante lentitud, plena de sutileza.
Lo califico en esta añada 2011 como más que muy recomendable. Imprescindible.

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