sábado, 27 de febrero de 2016

Domaine de L´Alliance Sauternes 2005.



Valérie y Daniel Alibrand llevan en este mundo de la elaboración de vino desde el año 2005, justo la edición de añada que marca la etiqueta de la botella que descorché la pasada noche, aprovechando la presencia cercana de un sabroso queso azul.
Con siete hectáreas de viñedo en propiedad localizadas en el municipio de Fargues, distrito de Langon, muchas de ellas de un perfil de cepas viejas, los Alibrand obtienen un rendimiento muy similar al del prestigioso Yquem, entre diez y trece hectolitros por hectárea. Los métodos de cultivo hacen prevalecer la filosofía de perfecto equilibrio entre ser humano y naturaleza, en la que nos encontramos inmersos, aunque a veces se nos olvidé el importante detalle. De hecho, la habitual presencia de salamandras en los viñedos de Domaine de L´Alliance, es el motivo principal de que la etiqueta lleve impresa una estética imagen representativa de este anfibio urodelo.
Conjunción varietal de sémillon, cerca del ochenta y cinco por ciento, con menores aportes de sauvignon blanc, sauvignon gris y muscadelle, fruta que se vendimia en cepas que acreditan una antiguedad media de algo más de cincuenta años, asentadas en suelos de composición arcillosa, grava y arena. Vendimia y selección manual de la uva, prensado lento neumático en bodega en un proceso que dura entre cuatro y cinco horas, acometiendo después una fermentación con levaduras indígenas en barricas de uno y dos años, madurando después en en barricas de roble francés de trescientos cincuenta litros durante un tiempo de dieciocho meses.
La bendita botrytis de los Sauternes cobra aquí una peculiar identidad, que permite comprobar durante la cata y degustación de este vino correspondiente a la añada 2005 un equilibrio magnífico entre dulzor y acidez. En copa parada exhibe notas cromáticas de cierta evolución, amarillo dorado con reflejos y tendencia a oro viejo, amplificando en nariz desde su aproximación, recuerdos sustanciosos de fruta cítrica, ciruelas claudia y membrillo, retorno de piel de naranja y confitura, algunos guiños de pétalos florales blancos y amarillos, balsámicos ligeros y frutos secos, con un apéndice de mineralidad, amplio en su intensidad olfativa y prolongado. De hecho en una segunda y tercera copa, la nariz sigue presenciando recuerdos bien mantenidos y eso durante más de una hora de duración. La boca abre con un proverbial equilibrio en donde los giros golosos y la frescura plantean dinamismo y viveza en el paso, hay una longitud prudente pero muy presente de acidez, con cierta untuosidad y buen alcance. La persistencia hace que uno se enamore del vino que esta disfrutando, arma en la retronasal descriptores de fruta golosa, de melosidad, de almendra, de algunos ahumados y tostados, flores y balsámicos, con una nota de mazapán y un epílogo que deja memorias de mineralidad, siendo este protagonismo final una brisa sugerente de personalidad, que alza este vino a un punto de gloria digno de elogio.
No es un Sauternes cualquiera, tiene bandera de vino blanco, dejando el apunte azucarado en muy segundo plano, aunque sin omitirlo.
Lo califico en esta añada 2005 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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