lunes, 15 de febrero de 2016

Cantine dei Marchesi di Barolo Barbera d´Alba Peiragal 2013.



Vino catado y degustado gracias a la generosa aportación del inefable Juancho Asenjo, que durante su reciente visita a Bodegas Muga, quiso premiar nuestra cena, posterior a su magnífica exposición sobre barolos, con algunos de los vinos que llevo comentando desde hace algunos días, en este blog.
Un monovarietal de la casta Barbera, que lleva impreso el sello del término peiragal, palabra que en los viejos dialectos de esta zona vitivinícola italiana identifica las colinas con pendiente de suelos calcáreos, compacta arcilla y piedra, condiciones que facultan un límite en la absorción del agua de lluvia, lo que a su vez fuerza que las cepas, sus raíces, desde las capas profundas luchen por lograr dosis de humedad. Son esas colinas en pendiente y esos viñedos de barbera los que facultan vinos tan expresivos como el presente, armados de sutileza y con una buena traza de acidez, con músculo, equilibrio y estructura.
Tras la vendimia, y con la fruta ya en bodega, se procede con un despalillado y una suave prensado, siguiendo con un fermentado alcohólico bajo control de temperatura que se desarrolla en depósitos de acero inoxidable. Maceración durante nueve días, con un decantado en depósitos de cemento vitrificado, en donde se despliega un proceso de post fermentado, logrando una maloláctica espontánea. Maduración durante un año en pequeñas barricas de madera de roble francés de doscientos veinticinco litros, de tostado medio.
En copa parada afirma un cromatismo apicotado intenso, con reflejos violáceos y púrpura, buen brillo y condición concentrada en cuanto al color, deslizando en nariz sensaciones amplias de fruta negra en sazón, con notas de segunda instancia que recrean memorias lácticas, especiadas dulces y de pastelería, personalmente atribuyo el compendio a galleta especiada con frutos secos.
Afina con balsámicos menores y redondea con una nota de fragancia esbelta que faculta evocaciones procedentes de la madera, lecho en el que la fruta se siente más que cómoda.
La boca es sustanciosa, golosa, plantea un goloso equilibrio y una mueca de sugerente amargor que dota al vino de músculo y profundidad. Ducha de fruta, intenso, aunque también muy amable, con unos taninos maduros y pulidos, si bien marca un guiño astringente, esa sensación consigue que mi percepción del vino sea mayor, más compleja y emocionante.
Frescura, orgullo peiragal, franco en forma y fondo, con la persistencia captando mis sentidos, dejando en la retronasal notas evocadoras de moras y arándanos, algunas ciruelas negras, vainillas finas, escena láctica y de panadería, frutos secos, y una emotiva traza balsámica que finaliza la cata, aunque la expresión del vino siga durante un buen rato latiendo en nuestro interior.
Magnífico, lo califico en esta añada 2013 como más que muy recomendable.
Necesario. Grandiosa estructura, soberbia fruta y esplendorosa y equilibrada presencia de la madera, siempre en segundo plano pero al tiempo presente en esa justa medida, a veces tan difícil de lograr.

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