lunes, 29 de febrero de 2016

Bodegas Mitarte Blanco Fermentado en Barrica 2011.





Una de esas experiencias personales premeditadas y trazadas con una respetuosa alevosía, en la presunción de inocencia de quien a través de una guarda responsable, sabe valorar los vinos a futuro. Cuando en el pasado recibí de modo desinteresado, varias muestras de los responsables de esta bodega de Labastida, quise reservar una de ellas, la correspondiente al blanco fermentado en barrica en su edición de añada 2011, para comprobar como evolucionaba en el interior de la botella. Y fue ayer domingo cuando decidí romper su silencio, mediante un descorche venturoso.
¿Que quieren que les diga?. Hay bodegas que saben que existimos seres extraños, aventureros exploradores que gozamos con estas cosas. Aquel recurso tan bordelés de asegurar continuamente que todos los vinos ganan con el tiempo y que incluso, según algunos relucientes château, ganarán enteros de nobleza vínica y empaque argumental dentro de veinte años transcurridos religiosamente desde su lanzamiento al mercado, no es muy habitual por estos pagos riojanos, e incluso conozco gente que reniega de ello, hablando de esnobismo. 
En el caso que nos ocupa hoy no ha sido necesario avanzar tantos años en el tiempo, pero si algo puedo garantizar es que estamos delante de una referencia y en esta añada del 2011, que ha vencido su lozanía, cobrando solidez y una apacible madurez frutal que le ha hecho más grande de lo que era.
Monovarietal de la casta viura, con seis meses de crianza sobre lías, fruta procedente de viñedos propios que acreditan una edad media de más de sesenta años, utilizando barricas de madera de roble americano y francés para su proceso de maduración.
En copa parada ofrece un estético cromatismo amarillo dorado intenso, con reflejos oro viejo, buen brillo y limpieza, con nariz que asoma recuerdos de manzana reineta horneada y melosa, membrillo y compotados, algunas flores secas, explorando evocaciones tostadas, frutos secos, y finalizando con un aromático y elegante punto que me ha enviado memorias balsámicas, resinas suaves y un fondo especiado menos marcado.
La boca es intensa desde el arranque, discute con el color ofrecido en copa, no hay señas que reflejen planos evolutivos exagerados, la acidez sigue prendiendo su llama aunque acomodada, llenando en el paso la boca de guiños untuosos, casi glicéricos, ofreciendo una correcta nota envolvente.
La fruta impera y se deja decorar por la influencia de las lías y la madera, franca seña de persistencia, una buena viura que ha ganado enteros y elegancia con el paso del tiempo.
Retronasal que insiste en esa manzana reineta horneada y melosa, con los recuerdos de ciruelas claudia maduras, suave compota navideña, almendra tostada y tras las mismas flores secas reflejadas en nariz, el certero tono balsámico y un epílogo redondeado.
Menos sensaciones especiadas que en la vía olfativa.
Lo califico en esta añada 2011 catado y degustado en los últimos días de febrero de 2016, como muy recomendable. Sabe madurar con orgullo y condición. Doy fe.

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