domingo, 28 de febrero de 2016

Bodegas Martínez Palacios Itran Tempranillo 2013.




Otro de los vinos catados y degustados ayer durante mi presencia en el salón de la semana del vino de Ollauri, que se ha celebrado ya en su diecisiete edición, evento por ello plenamente consolidado y que como ya es habitual cuenta en su organización con gente apasionada que sabe que en el constante aprendizaje y en la autenticidad se encuentran las principales armas para defender este tesoro que representa la cultura vitivinícola.
Referencia perteneciente a la galería de vinos que las bodegas Martínez Palacios de Ollauri defienden en el mercado, y que lleva impresa en la etiqueta una frase más que significativa, la tierra que pisamos no es herencia de nuestros padres sino un préstamo de nuestros hijos, indudable y certera verdad. Me quedé con ella en cuanto la leí.
Estamos delante de un vino tinto media crianza, seis meses de maduración en barricas de madera de roble americano, que escenifica una equilibrada personalidad de la casta tempranillo, con balanza correcta entre fruta y madera, exhibiendo en copa parada un cromatismo apicotado de buena intensidad, con algunos reflejos violáceos y púrpura, asomando en la proximidad aromática retornos que evocan fruta roja en sazón, con balsámicos bien integrados en el conjunto, que escoltan a la fruta y le dan un punto magnífico de personalidad, alumbra en el eje algunas memorias especiadas aunque no se despliegan muy marcadas, con un gesto bien identificado que acredito como recuerdo de coco, muy relacionado con los descriptores habituales en las influencias del roble americano.
Buena y sobre todo equilibrada complejidad.
Boca gustosa, es la fruta quien marca el avance, con la traza de acidez muy bien delineada, media fluidez, con los taninos maduros y finos, franca seña de persistencia, tiene longitud y llega con sutileza al final. La retronasal apuntala recuerdos de cerezas y ciruelas rojas, regaliz, alguna nota láctica y especiada menor, y ese punto de coco, que junto con una traza de sapidez llega hasta el final de la cata, dando imagen de un vino agradable y fácil de beber, pero dotado de un buen margen de personalidad. Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

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