lunes, 15 de febrero de 2016

Bodegas Corral Don Jacobo Blanco 2015.



Segunda de las propuestas de la cata armonía que el pasado sábado disfruté y compartí con un buen grupo de asistentes, en una mañana ventosa pero soleada que hizo del paisaje que rodea a Bodegas Corral un lienzo lleno de bellas estampas, compartidas con las ruinas de la iglesia situada en la parte trasera de este dominio vitivinícola de la localidad riojana de Navarrete.
Sara Nájera, responsable de enoturismo y eventos de Don Jacobo y Altos de Corral, presentó los vinos y las cuñas de queso de un modo impecable y a tiempo para que todos los presentes pudieramos iniciar con solvencia los referidos instantes de ocio gastronómico.
Vino blanco Don Jacobo, recién embotellado, en su edición de añada 2015, elaborado con fruta de la varietal blanca riojana viura, aportando una cantidad adicional menor de la casta sauvignon blanc, procedente esta de un viñedo situado en las traseras del edificio principal de la bodega, aportando estructura al vino, aromática y un punto de empaque y elegancia.
Fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable bajo control de temperatura, deslizando en copa parada un cromatismo amarillo pajizo intenso y brillante, con algunos ligeros reflejos dorados, expresa un punto de intensidad de color que choca en alguna medida con los criterios de un vino joven que lleva poco tiempo embotellado. Personalmente no es esta una circunstancia que me importe en demasía, sobre todo cuando poco después los matices aromáticos y gustativos, como es el caso que me ocupa, son de notable brillantez.
Nariz que fundamenta evocaciones de fruta cítrica, un suave tono de fruta blanca con hueso, manzana y flores blancas y amarillas, bien planteada la prolongación de la fragancia estableciendo un retorno de fragancia que me deja memorias balsámicas y herbáceas muy finas.
La boca empieza con una personalidad golosa, amplia en el avance, buena traza de acidez, expresa envolvencia y cierta viveza, untuosidad y fruta rolliza, conjugando una seña de persistencia bien planteada. Retronasal en donde aparecen evocaciones de limón, manzana verde, albaricoque, anunciando una nota de piel de membrillo y avanzando con segundos planos de pétalos florales blancos y amarillos, y finalizando con una punta balsámica y herbácea que redondea su cata con un sugerente y breve punto de amargor.
Lo califico en esta añada 2015 como muy recomendable.
En lo que se refiere al queso camerano, elaboración emblemática de la familia Martínez, se trata de un representante de la denominación de origen protegida vinculada a La Rioja, y propone una maduración mínima de treinta días, con una materia grasa sobre extracto seco del treinta y cinco por ciento, superficie externa marcada, como mandan los tradicionales cánones, por la huella de la cilla, el molde de mimbre legendario en los elaboradores riojanos de estos quesos, que hoy en día y por aquello de los tiempos modernos y de las legislaciones, es de plástico aunque dejando la misma huella. Suero caprino, y desuerado natural efectuado por gravedad.
Compacto, firme y no exento de cierta cremosidad, sin presencia de ojos, buen cromatismo blanco.
En su aroma hay notas lácticas, vegetales, silvestres y ese varietal recuerdo de lo que algunos denominan cueva natural y que marca bien los descriptores de los quesos elaborados a partir de leche de cabra. Un buen camino paralelo entre ácido y salado, equilibrado y con la cremosidad por bandera, amplificando sus sensaciones en buena compañía con este Don Jacobo, vino blanco, correspondiente a la añada 2015.
Uno de los quesos que personalmente mejor conozco de cuantas referencias defiende en el mercado la familia Martínez, aunque sólo sea por considerarme un consumidor más que frecuente de este semicurado de pasta blanda.
Una de las armonías estrella del evento celebrado el pasado sábado en sede de Bodegas Corral.

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