domingo, 21 de febrero de 2016

Bodegas Castillo de Sajazarra Solar de Líbano Reserva 2010.




Vino catado y apreciado durante mi último paso por Sajazarra, donde Jabier Marquínez me esperaba para concederme una sesión de análisis de nuevas añadas referentes a su labor enológica en la bodega en la que despliega sus conocimientos y labor profesional. Un clásico ya en este blog, y desde luego siempre unas horas de aprendizaje. Solar de Líbano es ya un referente habitual en mis entradas del blog y es bueno comprobar como varía en función de cada cosecha.
En este caso estamos delante de la edición reserva 2010, elaborado con una proporción mayoritaria de la casta tempranillo, dejando un tres por ciento para uvas de garnacha y graciano, fruta vendimiada de modo manual en los alrededores de Sajazarra, en las más poco más de cuarenta y seis hectáreas de viñedo propio de las que dispone el dominio, asentamiento en suelos de composición arcillo calcárea y altitud media sobre el nivel del mar de entre quinientos veinte y seiscientos noventa metros. Exposición cardinal norte sur, comenzando con un despalillado y estrujado inicial cuando el fruto llega a bodega, tras una cuidada selección a pie de viña, posterior fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable bajo control de temperatura, remontados suaves y bazuqueos manuales, con descubado tras doce jornadas de fermentado y macerado, con maloláctica en depósito.
Maduración que se extiende durante treinta meses de barricas de madera de roble americano, alternando las de un año con las más antiguas, máximo seis años. Reposo, después, en tinas grandes de madera durante un tiempo de medio año, finalizando el proceso con un estabilizado natural por sistema de decantación. Embotellado durante el mes de marzo de 2015.
Me encuentro un vino emblemático de Rioja, con un perfil amable y muecas de tradición, buen engarce de fruta y madera, y con un punto de testimonial sapidez que prolonga su expresión durante la cata hasta llegar a una meta de golosidad frutal muy sugerente.
Uno de esos vinos de Rioja que sigue un camino en la degustación que se ve venir, pero que en todo caso garantiza que no hay fuegos de artificio ni endomingadas variaciones que distorsionen el corazón de la tempranillo. Copa parada muestra un cromatismo apicotado de buena intensidad y brillo, con reflejos púrpura y algunos incipientes grana, con nariz que envía recuerdos de fruta roja en sazón, apéndices en segunda instancia que recrean evocaciones de fragancia especiada y balsámica, dando una prolongación de perfume tostado y de frutos secos, guiño menor en clave láctica.
Buena complejidad, siempre equilibrada, la fruta planta su estandarte y afirmo que es de buena calidad. La boca comienza golosa, con despliegue de frescura, el punto de acidez representa a la fruta con buenos destellos, media sensación de fluidez en el avance, estructurado, taninos maduros y finos, abunda en una persistencia amable, finalizando con una retronasal que habla de cerezas y ciruelas rojas, especiados dulces, traza balsámica, regaliz, lácticos y almendra en medio tostado, acabando en sapidez y una descarga final de esa tempranillo criada en las estribaciones de los Montes Obarenes.
Noto cierta diferencia con respecto a la añada anterior, la del 2009 en idéntica etiqueta, ya que noto la ausencia de mi concepto de mineralidad, salinidad, que sí aparecía en aquella nota de cata, http://almavinocuatre.blogspot.com.es/2014/12/bodegas-castillo-de-sajazarra-solar-de.html 
Lo veo en cambio más en la linea de la edición de cosecha 2008, aunque sí es cierto que en aquel caso divisé algunas enseñas florales, aquí menos presentes, http://almavinocuatre.blogspot.com.es/2014/07/bodegas-castillo-de-sajazarra-solar-de.html 
Aún y con todo, diferencias que deben acreditarse al concepto de variaciones significativas en cada añada, empezando por el tiempo de maduración en barricas, que fue diferente, y siguiendo por el concepto que hace grande al vino, como alimento y como bebida eterna, la climatologia, y los factores externos que plantean frutas de diversa condición año tras año, cuando el enólogo y los viticultores siguen de cerca el ciclo vegetativo de la vid.
Siempre lo digo, cuando en una bodega se trabaja con franqueza, los vinos de añadas distintas mantienen y transmiten esa franqueza, basada como no podría ser de otro modo, en la distinción y la diferenciación. Califico esta añada 2010 del vino tinto reserva Solar de Líbano, como muy recomendable.


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