martes, 16 de febrero de 2016

Bodegas Bohedal Rosado 2014.





Cata de vino y armonía con chocolate, una propuesta de Bodegas Bohedal y de Leire Tejada y su familia, que tuvo lugar en sede de la bodega de Cuzcurrita el pasado domingo por la mañana. Conducir desde Haro hasta ese emblemático pueblo de la geografía riojana es siempre, para quien escribe en este blog, un auténtico placer, no sólo porque de origen a destino se da un repaso mental a una serie de bodegas que saben hacer bien las cosas, sino por el simple hecho de que recibir el anfitrionazgo de gentes del vino como los Tejada es todo un lujo.
El primer vino en salir a las mesas de cata fue el rosado Bohedal en su edición de añada 2014, una conjunción varietal paritaria de tempranillo y garnacha, elaborado con fruta procedente de viñas que acreditan una edad media de entre cuarenta y noventa años, asentadas en suelos de composición arcillo calcárea, vendimia manual y selección de racimos.
Rosado de sangrado, con macerado en depósitos de acero inoxidable donde además realiza la fermentación alcohólica bajo control de temperatura, incluyendo después una maloláctica natural.
En copa parada esgrime un cromatismo rosa frambuesa, con algunos reflejos grosella, presencia de vino concentrado e intenso en color, apunto en los recuerdos aromáticos sensaciones de fresas de mata maduras, algunas cerezas y ciruelas rojas, tiene un perímetro olfativo balsámico y menor descripción floral. Goloso en el arranque, arma una buena traza de acidez, frescura de media alta intensidad, con envolvencia y muestra efectiva de fruta, tiene empaque. La persistencia es amable, divertida. Aparecen en la retronasal similares evocaciones a las demostradas en la vía olfativa, con los frutos rojos en sazón, algún pétalo de flores y sobre todo ese eje balsámico que sirve de escolta a la fruta, esta muy protagonista.
Lo califico en esta añada 2014 como muy recomendable.
En lo que respecta a la piruleta de cacao, aportada para el evento por Alvaro Ortiz Murguía, propietario de la pastelería y bombonería La Peña Dulce, situada en la tradicional calle Correría de Vitoria, se trataba de un gustoso combinado de cacao, sal y pimienta, que sin duda hizo las delicias de todos los presentes, en una de esas mezclas de sabor que llegan a potenciar la personalidad de los tres ingredientes y que, desde luego, armonizaron de maravilla con la frescura del rosado de Bohedal.
Siempre sabores y texturas conjuntadas, con los efectos en la prolongación que siguen jugando divertidos, amenizando al catador.
Y es que las armonías de vino y alimentos requieren paciencia, buena perspectiva y una dosis de longitud de miras. Fuera los corsés.

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