jueves, 25 de febrero de 2016

Bodegas Albamar Sesenta e Nove Arrobas Albariño 2012.





Otro de los vinos enviados de modo desinteresado por Xurxo Albamar al objeto de mi cata y análisis personal, circunstancia que vuelvo a agradecer. Y otra de esas muestras que decidí guardar para ver como el tiempo le hace justicia. Sin duda los albariños de este hacedor de vinos gallego tienen un perfil que lleva a considerar esta opción y este sesenta e nove arrobas, en su edición de añada 2012 magnifica tras el descorche mostrando una frescura consolidada y un volumen digno de aplauso. Ha pasado el tiempo desde que lo recibí pero una guarda responsable en botella le ha dado aún si cabe mayor personalidad. Cuatro parcelas de viñedo con plantas que acreditan una edad media de cincuenta años, edición limitada y capricho de Xurxo y unos amigos, que decidieron elaborar este vino buscando la excelencia, tras catar de diferentes depósitos. No tiene precio.
Su maduración sobre lías en acero inoxidable deja un sello específico, ampuloso, emocionante diría yo. Copa parada que engrana un color amarillo pajizo y brillante con reflejos dorados de buena intensidad, nariz que envía sensaciones amplias de fruta cítrica, con un guiño que en segunda instancia deja un espacio a la fruta blanca, acompañada de flores amarillas. Suave punto balsámico, no demasiado prolongado y un final que califico como mineral, en donde la fragancia se regodea en descriptores de esbelta salinidad.
Boca jugosa y golosa, la traza de acidez tiene por momentos afán de protagonismo, muy en clave de la varietal que le da vida, pero en todo caso en la llegada al paladar se muestra equilibrado y escultural, con un perfil de volumen digno de atención y aplauso, sustancioso, untuoso y regando la boca de sensaciones frutales. Percute con personalidad propia, llega hasta el final y más allá, con un eje cítrico que acompañado por esos retornos de voluptuosidad y el resto de descriptores ya mencionados, ofrecen al catador unos minutos de efectividad vínica.
Nunca diré que es un vino amable, es goloso, fresco, incluso abrupto en el buen sentido de la acepción, se recrea y se enorgullece de resultar rebelde. Para domarlo, considero que es un vino más que indicado para ser escoltado en una buena comida ó cena marinera.
En todo caso, encandila. La retronasal habla de pomelo y limón, pera de agua, manzana, melocotón de viña, flores, ortiga blanca, camomila, levedad silvestre y balsámica, lecho de cierta cremosidad y un epílogo en donde la brisa atlántica traducida en un golpe sabroso de salinidad refuerza su expresión. Está vivo, es rotundo y no camina, galopa.
Lo califico en esta añada 2012 como muy recomendable.

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