sábado, 20 de febrero de 2016

Bodegas Albamar Edición Especial Albariño 2012.




Este homenaje al ficticio personaje de Moncha, una simpática lugareña gallega creada por el genial fabricante de caricatos Gogue, me fue remitido tiempo trás por Xurxo, hacedor de vinos y propietario de esta bodega, algunas de cuyas referencias ya caté y publiqué junto con mis impresiones personales en este mismo blog. Claro es que de vez en cuando uno decide guardar a buen recaudo y con garantías de conservación algunas de las muestras que recibe, para darles un tiempo prudencial que sirva para afinar y dar al contenido un perfil que ascienda más escalones en el camino hacia la gloria.
Y claro es que aunque Moncha, esa divertida señora, afirme desde la etiqueta que este blanco hai que bebelo todo antes de que veña o lampantín de floreano, quien dirige este blog escogió esperar al paciente Floreano, compañero de andanzas de la gallega lugareña, y dar tiempo al vino, que bajo la guarda en botella, en verdad me ha dado una magnífica tarde de reflexión y análisis.
Conservar este vino en esas condiciones garantes de buena evolución en botella fue una decisión basada en la cata del albariño básico de la misma añada, que Xurxo Albamar tuvo a bien remitirme, acompañando a una mencía y a este protagonista de la entrada de hoy.
http://almavinocuatre.blogspot.com.es/2014/03/bodegas-albamar-albarino-2012.html
Una simple diferencia entre las dos propuestas de la casta blanca gallega por excelencia, en este caso se añade un veinticinco porcentual de fermentado maloláctico.
Fruta de varias parcelas, con vendimia y procesado de la fruta en el día, sin despalillado y con prensados cortos, reposo y desfangado, posterior fermentación espontánea bajo control de temperatura, descube y aplicación de esa maloláctica ya mencionada en el veinticinco por ciento del total, estancia sobre lías durante un periodo de entre cuatro y cinco meses.
Descorcho y empiezo a gozar. Miro a Moncha y sin que ella lo perciba, guiño un ojo al bueno de  Floreano. Copa parada exhibe un cromatismo amarillo dorado, buena estampa de brillo, deja en el primer tono aromático recuerdos de fruta cítrica, manzana, ciruelas claudia maduras, señas de flores blancas y amarillas en segunda instancia, aporte láctico con alguna mueca olfatica de frutos secos, bizcochón galego de los que a buen seguro elabora Moncha, desfilando en el final una brisa balsámica fina y un gesto salino amable y lleno de motivación.
Puedo recrearme en los aromas de este vino, muy atlántico, y mientras pienso en sus descriptores, paso a la boca. Esta abre con un nudo de fruta bien apañada, sabroso en su esencia de acidez, despliega frescura pero al tiempo se muestra condescendiente con la untuosidad, arma un avance espléndido, con una sendero paralelo entre acidez, amargor y salinidad que termina en la misma meta, un paladar agradecido, el mío, que se alegra por haber reservado el vino hasta el presente.
La progresión es efectista pero llena de franqueza, acaricia y llena, tiene estructura y equilibrio, incluso dosis de buena envolvencia, hermosas credenciales.
Buena y agradable persistencia, deja en la vía retronasal recuerdos muy similares a los ofrecidos en nariz, esos cítricos unidos a la manzana, algunas ciruelas claudia maduras, aquí añado una evocación de membrillo, con la continuación dejando memorias de pastelería, almendra, flores y un breve tono balsámico, hinojo, que abre la percepción de salinidad y amargor. Llegada, pegada y alcance.
Un vino que califico en esta añada 2012, catada y disfrutada en Febrero de 2016, entre muy recomendable y más que muy recomendable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario