domingo, 7 de febrero de 2016

Bodega F.Schatz Petit Verdot 2008.




Segunda muestra de las entregadas en mano por Angel Amurrio, procedente de esta bodega rondeña, patroneada por el vitivinicultor de origen alemán afincado en España, Friedrich Schatz, personaje del mundo del vino al que agradezco su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino.
Permitirá este hacedor de vinos y cultivador de viñedos germánico, que comience esta entrada sobre su monovarietal de la casta petit verdot, aportando en mi escrito un refrán popular que inmerso en la lectura de su página web, he divisado y que deseo compartir con mis lectores habituales. Dice así : después de la lluvia nace la hierba, después del vino, las palabras. Me identifico con ella, cáspita, vaya que si me identifico.
Certificación ecológica del viñedo, situado en la Serranía de Ronda, acreditando una maduración de trece meses sur lie, con procesos de battonage regulares, que tiene lugar en barricas de madera de roble francés Allier y Vosges.
Diré de este T de Schatz, que en su edición de añada 2008 me parece uno de los mejores monovarietales de la casta petit verdot que he catado y degustado desde que comencé mi andadura en este fascinante universo. Fruta mucha, y frescura aclimatada a la misma, con un paso franco y lleno de una bendita expresión de complejidad, siempre atribuible a la varietal que le da vida.
En copa parada exhibe un cromatismo apicotado de buena intensidad, con reflejos púrpura, estética cubierta, buen brillo, manifestando en su primer golpe aromático recuerdos de fruta roja y negra maduras, balsámicos en segunda instancia, estos dan al perfume un prolongado recorrido, con una elegancia y una tendencia al redondeo aromático que destaca con luz propia. Hay un triángulo hermoso en su descripción olfativa : la fruta por un lado, la idéntidad balsámica y mineral por otro, y un retorno de las influencias de la madera que descubre memorias especiadas dulces, suaves tostados y un insinuante trazo de confitura que aporta a los reflejos de la fruta una estupenda y luminosa personalidad. Identifico una muesca que me recuerda a mina de lapicero, ese tono de mineralidad tan relacionado con la petit verdot.
La boca es sabrosa, abunda en sapidez y cierta salinidad, buena acidez que surge con prolongación, carnoso pero afinado, resuelto aunque no fluido, impregna el paladar con una gloriosa expresión frutal, balsámica y mineral, tiene unos taninos golosos, equilibrados, desarrollando una persistencia en clave de muy buena longitud. Afirmo que es un vino que abre una puerta al relieve, al nervio, con un equilibrado perfil, con una personalidad propia que enamora. Estructura, volumen, con la retronasal que habla de recuerdos de ciruelas, cerezas, moras y frambuesas, brisa limpia de vainillas, confitura de frutos negros, breva no madura en exceso, regaliz y menta, punto breve de bombón inglés, grafito, y sapidez inolvidable.
Tiene llegada, alcance y longitud.
Y sobre todo, tiene personalidad e impreso el carácter de la fruta que le da vida.
Lo califico en esta añada 2008 como más que muy recomendable.

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