lunes, 22 de febrero de 2016

Bodega Bohedal Gran Bohedal Crianza 2012.





Otra de las armonías surgidas de aquella mañana dominical en la que mis pasos me condujeron hasta Bohedal, bodega capitaneada por la familia Tejada y localizada en las inmediaciones del municipio de Cuzcurrita. En este caso estamos delante de la edición de añada 2012 de su vino tinto crianza, referente que es ya un clásico en mi blog y que añada tras añada tengo el gusto de catar y compartir, luego, con mis lectores. Es un honor poder comprobar como este mundo del vino queda marcado por buenos trabajos que hacen de cada cosecha un valor diferencial, y esa es, entre otras, la idea base de mi blog, poder permanecer en el tiempo, siempre y cuando Dios así lo quiera, para ir ofreciendo a través de mis percepciones y letras, la peculariedad de cada vendimia respecto a la misma etiqueta.
Dirigidos por Leire Tejada, y como ya versé en la entrada de este blog que data del reciente dieciseis de febrero del presente año, http://almavinocuatre.blogspot.com.es/2016/02/bodegas-bohedal-rosado-2014.html, pudimos disfrutar de cuatro armonizaciones, en las que sus vinos y otras tantas muestras de chocolate fueron protagonistas.
Traigo hoy al blog la segunda de ellas, con una piruleta de cacao pincelada con lavanda, magnífica elaboración del confitero vitoriano Alvaro Ortiz Murguía, director del establecimiento y obrador La Peña Dulce. En escolta con este vino tinto crianza, elaborado de modo monovarietal con uvas de la casta tempranillo vendimiadas en parcelas con suelos de composición arcillo calcárea y procedentes de cepas que acreditan una antiguedad media de entre sesenta y noventa años.
Fermentación y macerado en depósitos de acero inoxidable, bajo control de temperatura, durante un periodo de veinticinco días, maloláctica natural, con un posterior tiempo de maduración que tiene lugar en barricas de madera de roble americano, francés y húngaro durante un año, añadiendo doce meses más de afinado en botella antes de la salida al mercado.
En copa parada exhibe un color apicotado de buena intensidad, reflejos púrpura, asomando en la proximidad aromática sensaciones amplias de fruta roja madura, algunas ligeras brisas ahumadas que dejan paso a guiños especiados dulces y un guiño balsámico. Finaliza con descriptores de almendra y tostados. Muy en clave de la denominación, es un vino cómodo que además apuntala ese plus de personalidad propia, muy limpio y matizado. La boca abre con la jugosa fruta marcada, bien esculpida la traza de acidez, enarbola frescura en el despliegue, con las señas de la tempranillo representadas de modo franco. Taninos maduros y pulidos, amable persistencia, reflejando en la retronasal evocaciones de cerezas y fresas de mata, mueca ahumada muy suave que abre la expresión de especiados dulces, frutos secos y tostados muy comedidos. En el centro de su descripción, siempre un sabroso tono balsámico que le da mayor relieve.
Lo califico en esta añada 2012 como muy recomendable.
Debo afirmar que la armonía del vino con ese chocolate premiado con el punto de lavanda, ha resultado magnífico, una sorpresa, un descubrimiento. La frescura de ese leve y equilibrado punto de la planta medicinal, que por cierto tiene propiedades calmantes, aporta primero al cacao y después al contraste del vino, un peculiar minuto de gloria, influyendo en el conjunto de boca y paladar.
Creo que de las cuatro propuestas, sobre las que seguiré versando en otras entradas del blog, y a título personal, fue esta la que más me gustó.
Da gusto toparse con instantes como el aquí referido, en donde el vino se enaltece, por sí mismo y por la complicidad de otros grandes alimentos.

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