miércoles, 6 de enero de 2016

Fuga en A Mayor.


Llevan tiempo pidiendo mi opinión acerca de la salida de la bodega Artadi de la denominación de origen Rioja. Incluso antes de que se hiciera oficial mediante el comunicado que ya todos conocemos a estas alturas, he intentado evitar mi entrada personal en la polémica. No debido a mi falta de criterio al respecto, sino más bien porque creo que es un tema delicado, polémico y difícil de argumentar por ambas partes en litigio. Con el respeto debido, el sábado intervine en el programa radiofónico Más que Palabras de Radio Euskadi, que conduce mi locutora favorita, Almudena Cacho. Y lo hice a dos bandas, junto a Juan Carlos López de Lacalle.
La decisión de los responsables de Artadi tiene dos vías. La primera política, que cada vez toma más cuerpo y que con franqueza, me provoca cierta tristeza. Siempre he defendido que la política suele mancillar todo lo que toca con sus afiladas zarpas. Y me suelen replicar, diciendo que no puedo decir tal cosa cuando en suma es la política la base de cualquier sociedad moderna. Falso. Y ahí llega el primer dislate. No es la política, sí los buenos gestores, responsables, con visión cercana a los problemas de la calle, esa gestión de la res publica, que a veces parece no existir ó existir con gafas de anchos cristales combatientes de una miopía, que en nuestra sociedad española y por desgracia está logrando, cada vez con más fuerza y objetividad, un divorcio entre los votantes y los representantes elegidos en las urnas. No es el vino un elemento para tratar en despachos, parlamentos y ministerios ó consejerías, menos de un modo insulso, traído de aquella manera, como si el viñedo, la bodega y los vinos fueran una arma arrojadiza para calentar el ambiente.
El vino en Rioja da de comer a muchas familias, el vino es santo y seña de una zona vitivinícola que al menos comprende a cuatro regiones distintas y que lleva mucho recorrido histórico, como para convertirse en una infame lucha de intereses fronterizos.
Comprendo la queja de López de Lacalle cuando habla en su comunicado de una pugna entre bajos y altos rendimientos, entre vulgaridad y excelencia, entre excesos de producción y regulaciones más racionales de esta. Entiendo al gerente de Artadi cuando reclama del Consejo Regulador de una de las denominaciones más prestigiosas de España más cotas de sensibilidad con quienes elaboran vinos dotados de un plus de personalidad y tipicidad, cuando reclama que más allá del término Rioja pudieran aparecer subzonas catalogables en función de pagos, terruños y parcelas cuyas características deban ser objeto de una consideración especial por encima de otros vinos, muy respetables, cuyo objetivo en el mercado no es la excelencia, sino más bien el consumo fácil.
Y no sólo lo entiendo, de hecho ya lo he publicado en alguna ocasión en algún artículo de este mismo blog. Quien habla a menudo con gentes del vino, sabe que en las distancias cortas, son muchos los enólogos y bodegueros que opinan de ese modo, no ya en la zona de Rioja Alavesa, también en el resto de la geografía riojana.
Es esa una lucha, una reivindicación para defender en sede del Consejo Regulador, abriendo el portón para que el debate pueda llevarse a cabo con garantías.
Lo que ya no entiendo es que cuando alguien no logra sus objetivos, decida fugarse y poner tierra de por medio. La denominación de origen Rioja precisa de unidad de acción. Artadi es sin lugar a dudas una bodega con prestigio, con reconocimiento internacional, y su escapada, sin retroceso posible como mantiene López de Lacalle; no es buena para nadie.
Hace poco me hablaba un buen amigo y enólogo de una experiencia más ó menos cercana en el tiempo, que tuvo lugar en la denominación de origen Navarra. Una bodega con prestigio, con viñedos dotados de unas privilegiadas condiciones, que decidió salirse de su denominación. Por desgracia, su osada andadura en solitario ha logrado que hoy en día no podamos disfrutar de sus vinos. Terminó cerrando la persiana, asolada por su huida hacia ninguna parte.
Dios sabe que no deseo algo semejante a Artadi. Me gustaría que no hubiera tomado esta decisión porque creo que en la denominación de origen Rioja todos aportamos nuestro grano de arena, algunos más grande, otros más modesto. Y es el poder del debate, de la palabra, quien siempre debiera dirigir nuestras decisiones. No comparto por ello la brusca decisión tomada por los responsables de esta admirada bodega, sí hubiese entendido que sin producirse la escapada, hubieran abierto espacios de debate, incluso en los medios de comunicación, tal y como ahora se está haciendo.
Dice López de Lacalle y le doy una vez más la razón que Rioja no es sólo patrimonio de los riojanos, tal y como al parecer recuerda él mismo que afirmó el antiguo presidente de la comunidad, Pedro Sanz. Si algo tiene Rioja y La Rioja es su carácter abierto, su hospitalidad, su generosidad y su esfuerzo en el trabajo diario. Y a los riojanos desde Yerga al Toloño nadie les tiene que enseñar a estas alturas a compartir. El vino de Rioja es un hermoso legado, una herencia cuyo testigo va pasando de modo generacional entre abuelos y nietos, entre hombres de campo y vitivinicultores que con su pasión y trabajo, dedican sus sudores a elevar a grandiosa una denominación marcada por la historia, la leyenda y la realidad.
Salirse de la denominación de origen Rioja, mediando incluso las quejas más razonables y respetables, me parece un terrible error, no por la legitima reivindicación de un hombre de vino acompañado por otros tantos que sin embargo y de momento, han decidido no dar la cara; sino antes bien por el daño que ello pueda causar a ambas partes.
Debo exigir desde estas lineas, consenso, acuerdos, renovación, nuevas ideas, y sobre todo mucho respeto. Pero también que desde el Consejo Regulador se tengan en cuenta las diferentes sensibilidades y perfiles de todos y cada uno de sus miembros. No puede seguirse por una vía de excesos, de altos rendimientos, de desorbitadas producciones, tratando de un modo menor a quienes cuidan su trabajo con mayor mimo, con mayores inversiones, con parcelas en donde el tipo de suelo, la excepcionalidad, el microclima y tantos otros agentes externos y peculiares, marcan el camino. La fuga en A de Artadi es una mala noticia para todos. Quien ahora desde cualquiera de los dos bandos en litigio, pretenda sacar pecho, no sabe que en el fondo, esta fuga puede convertirse en cortocircuito si no se toman medidas de una vez por todas, buscando la unidad de acción, desde el respeto a todos y cada uno de los miembros de esta querida denominación.
Propongo abrir un debate ó ciento y un mil, si fuera necesario. Un debate que siente las bases para que más allá de los criterios políticos, sean los criterios realmente técnicos y con visión de futuro quienes determinen el rumbo a tomar.
Las goteras hay que taparlas de un modo correcto antes de que se conviertan en manantiales. Y de esta mala experiencia, el Consejo Regulador debiera sacar conclusiones a pie de bodega y viñedo.
No es esta una guerra fraticida, antes bien creo que ni el debate ha sido suficiente, ni mucho menos gratificante y concluyente.
Rioja es de los riojanos, sí, pero también de los millones de consumidores que añada tras añada depositan su confianza consumista en los vinos de Rioja, en los miles de turistas que nos visitan desde todas las partes del mundo, de quienes sin haber nacido en sus límites geográficos, nos sentimos muy riojanos.
Tal vez López de Lacalle debiera revisar su decisión. Tal vez en la denominación de origen Rioja algunos debieran revisar su capacidad de trato respecto a quienes sin hacer demasiado ruido, colaboran de un modo activo y con indudables dosis de pasión por su trabajo, con el presente y futuro de la denominación.
Tal vez haya un término medio, y entre blanco y negro exista un espacio para ese color, a veces tan complejo de conseguir, el gris. Todo por el bien del vino, un cariñoso y atractivo alimento, que insisto y en mi humilde opinión, no entiende de banderas e intereses fronterizos. Un alimento que entiende de cordialidad, de sociabilidad y de buenas maneras.
Tal vez, tanto Artadi como el Consejo Regulador de la Denominación tendrían que pensar un poco más en todos nosotros, los catadores, bebedores y consumidores finales, y apagar la luz de una guerra que con franqueza, no creo que conduzca hacia un horizonte que beneficie a la cultura del vino y a sus gentes.
La Fuga en A Mayor escuece, duele y genera en todos los que amamos este mundo, un desgraciado dislate. Más allá de las decisiones drásticas, de las malas contestaciones, está siempre la llave que abre la cerradura inserta en la puerta del debate y el contraste civilizado de ideas y opiniones. El vino y su mundo, creánme, lo merecen. El esfuerzo en la unidad tiene siempre buenos frutos. La discordia y la quiebra en la unión genera siempre malas vendimias, en todos los órdenes de la vida.
Desde este blog, nunca desistiré en el empeño, aunque sólo sea con un pequeño grano de arena.
En un día como el presente, con los Reyes Magos encima de nuestras mesas y aparadores, ese sería mi mejor regalo. Aunque a veces los deseos sean difíciles de lograr.

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