domingo, 3 de enero de 2016

Domaine des 3 Cellier Chateauneuf-du-Pape Privilège 2010.




A veces uno recibe muestras y emprende la cruzada personal de intentar calificar su contenido, aún y a sabiendas de que está realizando un infanticidio. Por ejemplo, un vino chateauneuf-du-pape de una añada reciente nunca reflejará tras el descorche su verdadera valía, ya que son vinos que avanzan en botella mediando una guarda responsable de un modo admirable y digno de elogios. Cuando los hermanos Cellier, me enviaron tiempo atras dos botellas al objeto de mi cata y análisis personal, decidí descorchar una de ellas, http://almavinocuatre.blogspot.com.es/2014/02/domaine-des-3-cellier-marceau-2010.html la apodada Marceau y reservar la otra, Privilège, para que en sitio seguro, descansara hasta mejor momento. No es que haya esperado mucho más, y sin embargo es evidente que este perfil de vinos avanzan en botella hacia la gloria, concediéndoles un tiempo extra.
Dicho y hecho, en esta Navidad 2015, procedí a la quiebra de la distancia que me separaba del interior de la botella engalanada con un sello de medalla de oro del Concours International des Vins Lyon 2012, y tras quitarle el corcho procedí en consecuencia a valorar el contenido, previo servicio en copa. Una octava generación de vitivinicultores de esa zona vitícola francesa no es cualquier cosa, y Ludovic, Julien y Benoit tienen la singladura necesaria para plasmar en sus vinos una ferviente personalidad, uniendo en la presente etiqueta un porcentaje del setenta y cinco de syrah, con un veinticinco de garnacha, dándole la maduración de barrica suficiente como para enmarcar un vino equilibrado, que precisa eso sí y tras el descorche de unos minutos de aireación.
Selección de fruto, con un cromatismo que en copa parada define tonos apicotados de buena intensidad, reflejos púrpura, nariz cerrada en el primer movimiento de aproximación, la madera parece dominar la escena, aunque tras unos minutos, no más de cinco; la fruta toma el mando, con recuerdos de moras y arándanos, algunos tostados y especiados, signos de ebanistería fina que toman forma en el retorno, dejando para la fase final de la fragancia guiños balsámicos y un concepto mineral menos marcado. La boca es profunda, se defiende con orgullo mediando una traza de buena acidez, viveza de la fruta, buena envolvencia y cortesía cuando el vino alcanza el paladar. Un débil motivo secante queda relegado y los taninos se exhiben golosos y pulidos. Buena seña en cuanto a persitencia, algo abrupto en el escenario final. Retronasal que habla de ciruelas oscuras y moras, arándanos, pimienta, frutos secos a medio tostado, balsámicos suaves y un epílogo en el que una terrosidad recuerda a vinos de terroir.
Inyecta cierta sensación de personalidad en los sentidos del catador, siendo un vino que en esta añada 2010 califico como muy recomendable.

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