miércoles, 27 de enero de 2016

Bodegas Iñiguez de Mendoza Obssidiana Crianza 2012.





Mi gratitud hacia Jone Crespo, titular responsable de Bodegas Iñiguez de Mendoza, por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediando el envío, ya forma parte de la galería de repetidores que cooperan conmigo en este ámbito de la difusión de muestras y referencias; de algunas botellas de sus etiquetas principales.
En esta ocasión procedo a comentar mis impresiones acerca de este vino tinto crianza de Rioja, en edición de añada 2012.
Tiempo atrás armonicé en una entrada de este mismo blog el vino de autor de esta misma añada 2012 y de idéntica bodega, con una pasta sabrosa de queso del Roncal, y lo cierto es que siendo aquella una de mis primeras crónicas de armonías, fue todo un éxito.
Decidí en esta oportunidad apostar por unos lomos de liebre, de un animal que me consiguió con sobrado esfuerzo y mil bendiciones por mi parte, un buen amigo veterinario de la capital riojana. Fácil de elaborar si se tiene amor al arte y a la gastronomía cinegética, ya lo saben sartenazo vuelta y vuelta, fogonazo de cognac y mechero, este último con cuidado y si se tiene campana extractora siempre apagada para evitar que las llamas nos causen un problema, y unas escamas de sal maldón para engrandecer el emplatado y la sabrosa punta sanguínea del lepus ajusticiado.
El crianza Obssidiana muestra la personalidad de las uvas de tenpranillo vendimiadas en las inmediaciones de Laguardia, viñas que acreditan una antiguedad media de treinta años, localizadas a quinientos metros de altitud sobre el nivel del mar y asentadas en suelos de composición arcillo calcárea. Vendimia manual, despalillado del fruto cuando llega a bodega, maceración y proceso de fermentado alcohólico en depósitos de acero inoxidable, bajo control de temperatura y durante un periodo de quince días. Maloláctica en idénticos continentes, con una posterior maduración de doce meses en barricas de madera de roble y un ligero filtro antes de proceder al embotellado.
Copa parada exhibe un color apicotado de buena intensidad con algunos reflejos púrpura y grana, deslizando en nariz recuerdos de fruta roja en sazón, notas especiadas y tostadas suaves que siempre se incorporan a la fragancia por detrás del recorrido aromático procedente de la fruta madre. Apunto en medio del perfume algunas notas balsámicas y lácticas menores que desembocan en un final del que surgen memorias torrefactas.
Boca muy en clave de vino de tempranillo de la denominación de origen Rioja, es goloso y escolta la frescura con un toque distintivo que proviene de la madera de la crianza, con guiños de ebanistería fina y matizados tostados que aportan buena personalidad. Taninos golosos y pulidos, con medio matiz de fluidez en el avance y una media alta sensación de persistencia. Retronasal que habla de ciruelas rojas y cerezas, vainillas y torrefactos, frutos secos y una huella balsámica, regaliz, que logra un final equilibrado.
Con los dos lomos de liebre felizmente braseados, este Obssidiana Crianza 2012 dió muy buenas sensaciones. Lo califico como muy recomendable. La amabilidad de un vino también merece laureles, tiene estructura, equilibrio y resulta cumplir los requisitos idóneos para lo que llamó un crianza de Rioja.

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