domingo, 13 de diciembre de 2015

Viñedos Culturales-Bernabé Navarro Musikanto 2013.




Elaborado con fruta de la casta garnacha peluda en modo monovarietal, este vino que rinde homenaje en su apelativo y etiqueta a los músicos callejeros, es una rara avis de esas que merece ser conocidas.
Rafa Bernabé, con el que tuve contacto años atrás gracias a una colaboración desinteresada por su parte con El Alma del Vino, es uno de esos personajes que llenan sobremanera la galería de hombres y mujeres viñadores en nuestra geografía española, pues demuestra pasión por el trabajo que hace, reflejada como no puede ser de otro modo en los vinos que defiende en el mercado.
Musikanto en su edición de añada 2013 es un vino rosado, cuya fruta madre procede del Pago de Los Cipreses, en la villenense y ya legendaria Finca Usaldón, terreno con suelos de composición calcárea y piedra en superficie, acreditando una antiguedad media de cincuenta años y localiza a una altitud sobre el nivel del mar de entre setecientos y setecientos treinta metros.
Selección de fruto y vendimia manual, procediendo tras la llegada de la uva a bodega con un ejercicio de prensa vertical de husillo y vinificado en blanco. Paso posterior a tinajas de cuatrocientos cincuenta litros, con un periodo de fermentación alcohólica que se prolonga durante cuarenta y cinco jornadas, descube y maloláctica en los mismos recipientes.
Madura durante tres meses en idénticos continentes, finalizando con un estabilizado natural por frío, que tiene lugar al aire libre. No contempla utilización de sulfuroso, ni clarificado, ni filtrado, y son las levaduras del propio viñedo quienes hacen su labor para lograr un vino rosado pleno en matices, tal vez uno de los vinos rosados más divertidos de catar de cuantos he tenido delante en los últimos tiempos.
En copa parada ofrece un cromatismo rosa anaranjado y cobrizo, con cierta presencia de turbidez, expresando en su cercanía aromática un auténtico parque de atracciones para el catador. Comienza con un efecto jabonoso, algo que al parecer es propio de la elaboración en tinajas ó al menos coincide con pasados descriptores a los que he asistido en este perfil de vinos. A ese efecto le sucede otro más persistente que me habla de especiados y arcillas, un punto muy familiar, que al menos en mi caso me recuerda a episodios rurales, muy de huerta con cultivos, de tierra y regadío.
Hay eso qu algunos definen como perfume mineral, pero más allá y de pronto amanece el guiño sugerente de una fruta cítrica, que en efecto tiene señas de vino blanco, pero que también declara puntos de fruta roja en sazón, incluso de una alejada confitura. En el perímetro siempre ese efecto jabonoso, altanero y suave al tiempo, que concede al perfume una buena dosis de personalidad propia. Dejo la copa y regreso a ella en unos minutos, es un vino que merece tiempo.
Sobresalen ahora evocaciones a granada y grosellas, madroño, fresas de mata, con un eje cítrico y balsámicos y arcillas, ese olor de cuando uno manipulaba con infantiles manos barro marrón para contentar al profesor de artes plásticas en la escuela. Y de nuevo la fragancia jabonosa de fondo, con un final en donde se recrean débiles y muy gozosas, al menos para mi gusto, notas de evolución, muy bien integradas y que engrandecen los tonos frutales.
Boca sabrosa desde el comienzo, la acidez se extiende con orgullo, tiene un sentido del avance fluído, y aunque la fruta roja parece desaparecer, esa frescura resulta retozante conjuga la declinación de la uva que da vida al vino. Persistente en buen grado, con una retronasal que reduce en parte los descriptores olfativos, marcando expresiones de fruta similares a las presenciadas en nariz, y recurriendo en segunda instancia a un eje cítrico que se deja escoltar por balsámicos y muy sugestivos carácteres terrosos.
En fin, un vino divertido desde un concepto rústico, atrevido y alegre, que califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

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