jueves, 17 de diciembre de 2015

Raúl Pérez Lomas de Valtuille La Vizcaína de Vinos / La Vitoriana 2012.




Del siete de junio de 2013 data una entrada en mi blog referida a La Poulosa, una de las hermanas de esta La Vitoriana, aquella en edición de añada 2011 y esta en la versión de cosecha 2012.
Ambas hijas de honor del vitivinicultor Raúl Pérez y la que ocupa el protagonismo de mi blog en el día de hoy representando a un vino tinto elaborado con la varietal mencía, frutos vendimiados en una parcela localizada detrás de la bodega Castro Ventosa, que se asemeja a un tubo que sesgado por la mitad deja a cada parte del mismo, expuesto a norte y sur.
Amplia variedad de suelos, siendo el más alto de composición arenosa compacta, el medio arcilloso y el bajo de materia orgánica. Junto con la base mayoritaria dedicada a la mencía berciana, hay algunos aportes menores de alicante bouschet, estaladina y souson.
En su proceso de vinificado hay una fermentación realizada con la uva entera, incluyendo raspón, trabajo diario con los pies hasta terminar la alcohólica y macerado de entre cuarenta y sesenta jornadas, finalizando con una maduración de doce meses en barricas de madera usada de roble francés. No se somete a filtrados ni clarificados antes del embotellado.
En copa parada muestra una cromática apicotada con reflejos púrpura, buena densidad y brillo, mostrando en su cercanía aromática sensaciones que evocan frutos rojos en sazón, con una buena explosión de descriptores balsámicos en segunda instancia, finalizando con un componente expresivo profundo y apacible que redondea el conjunto del perfume y que acredita memorias de terrosidad.
No es uno de esos vinos que alardee de grandes complejidades, seguramente innecesarias cuando demuestra carácter, personalidad y una parentela, que aunque no me guste nunca realizar ejercicios de osada comparativa, con algunas pinot noir de la más potente zona de Borgoña.
Si algo tiene este La Vitoriana en su edición de añada 2012 es estructura, viveza, potencia e intensidad, pero siempre demostrando que la fruta es la protagonista, la que ejerce su función y la que concede orgullo y distinción al contenido de la copa.
Arranca en boca con un punto muy parlanchín, la mencía berciana habla, canta, recita y se expresa con largura, lozana y viva, amplia y emocionante, sabrosa y persistente, ducha de fruta, amigos.
La madera queda siempre rezagada e incluso en algunos momentos, catando el vino a ciegas, se podría plantear su inexistencia. Digo en algunos momentos, no en todos.
Acidez que se escapa traviesa, que juega con nuestros sentidos, abre una puerta de buena frescura, es envolvente y sustancioso, osado y rotundo.
Taninos golosos, marcan una suave astringencia que sin embargo queda integrada en el conjunto. Creo que es un vino para disfrutar ya en su presente, pero que también puede acreditar una buena guarda con vistas al futuro. Me gustará reservar una botella de modo responsable y comprobar como va evolucionando en el tiempo.
Muy buena seña de persistencia. La retronasal habla de cerezas y frambuesas, algunos tonos tostados que parecen planear sin posarse y que abren una huella de memorias balsámicas, regaliz, con el fondo final terroso y cargado de sapidez.
Un vino de los de bucear, disfrutando en la inmersión.
Lo califico en esta añada 2012 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Podrá ascender más peldaños hacia la gloria, mediando la guarda responsable que mencioné.
Insisto, en cualquier caso, su presente colosal.

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