lunes, 7 de diciembre de 2015

Compañía de Vinos Telmo Rodríguez Corriente 2012.




Nada hace presagiar que el Corriente de Telmo, lo sea. Cuando uno analiza el corazón de este vino, antes del descorche, se encuentra con frutos de tempranillo vendimiados en parcelas de Lanciego, con la clave de suelos de diferente composición y topografías diversas, laderas, replanos, areniscas...
Aportes menores de graciano y garnacha, fermentación en depósitos de acero inoxidable y hormigón, madurando en fudres y barricas de madera usada de roble francés.
Aunque he leído en algunos emplazamientos de internet que también incluye roble americano y teniendo en cuenta que la página web de la bodega no incluye ninguna descripción sobre este vino, personalmente y mediante la cata, no creo que, de estar presente ese tipo de madera en su crianza, sea la protagonista. Desde luego acredito a ciegas la presencia mayoritaria de roble francés.
Es curioso. Uno suele contrastar, siempre a tiempo pasado respecto a mis propias conclusiones sobre los vinos que cato, las opiniones de otras personas, escritores de vino, aficionados a este mundo y críticos especializados. Con Corriente de Telmo Rodríguez en la añada 2012, la evidencia es que mi opinión no tiene puntos en común con casi nadie.
Veo muchas descripciones de madera, de aromas secundarios e incluso algunos terciarios.
En lo que a mi respecta, creo que es un vino potente, carnoso, con algunos niveles de astringencia que me han resultado elevados, algo secante en el paso, la fruta bien enmarcada eso sí, rústico en algunos momentos, sabroso en el epílogo y con una intensidad de concentración frutal que llena el paladar.
Un vino que más que corriente, me ha resultado complicado.
Sabe Telmo que soy un notable defensor de muchos de sus vinos, prolíficos y con testimonios directos en zonas dispersas de la geografía vitícola española. Y sin embargo, y habiendo catado con anterioridad diferentes añadas y referentes de su trabajo en Rioja, es esta edición de añada 2012 de Corriente, la que menos me ha llenado.
Insisto que la fruta manda, que la madera queda muy en segundo plano en cuanto a descriptores de fragancia, y sin embargo cuando el vino avanza en boca, muestra lo que yo considero una personalidad un tanto arisca, abrupta, escarpada.
El punto legendario de los vinos que se elaboraban antaño en Rioja para el consumo diario no le he percibido, puede que por culpa mía, en esta botella. Digo por culpa mía, porque viendo lo que otros han escrito sobre esta referencia de Telmo, debo reconocer que me encuentro en franca minoría.
Color apicotado intenso en copa, con reflejos violáceos, nariz que se estimula con recuerdos de fruta roja en sazón, punto goloso en el perfume, con un matiz balsámico que se ve auxiliado de cerca por un fondo de ebanistería, aunque este muy ligero, casi anecdótico. Para nada he presenciado esa amplia gama de matices de perfume tostados, ahumados, especiados que algunos colegas refieren.
La boca abre con jugosa fruta, buen despliegue de acidez, frescura en el avance y algún guiño secante cuando alcanza el paladar, no es precisamente un vino amable, tiene un potente carácter, con equilibrio de fondo pero algo rústico y percutor en las formas.
Taninos marcados, con la astringencia de la que hablaba antes, diría siempre en mi opinión, un tanto estirada, es persistente, y a Dios gracias la fruta predomina durante su cata.
Retronasal que deja memorias de cerezas y ciruelas rojas, pétalos de flores rojas y una trayectoria balsámica que se expresa hasta el final y que prolonga la expresividad del Corriente en esta, su edición de añada 2012.
Lo califico como recomendable, si bien creo que no es esta la mejor añada de esta referencia de Telmo. Su mayor virtud es la fruta presente, el pero ya lo he dicho. Siempre, algo habitual en mi forma de divulgar, desde el respeto y la sinceridad.

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