viernes, 25 de diciembre de 2015

Bodegas Santalba Ermita de San Felices Crianza 2012.




Homenajes dobles para un día tan entrañable como el de Navidad.
El vino tinto crianza de Bodegas Santalba apodado Ermita de San Felices supone, como bien reza su contraetiqueta, un homenaje de los propietarios de esta bodega de Gimileo a los ciudadanos de Haro y a la propia ciudad,  honrando a su santo patrón, el mismo que guarda los riscos de Bilibio y bautiza con vino, añada tras añada, a los camperos que deciden subir a la Batalla del Vino.
Me sirve ese homenaje para dar el mio propio, un homenaje sincero a los jarreros y jarreras que día a día me van conociendo y a los que aún no tuve la suerte de conocer, a esta ciudad de la Rioja Alta que acoge a visitantes y foráneos con el mismo cariño que enlaza entre sí a sus propios, una ciudad relacionada con el vino que ha hecho historia y que junto a la denominación de origen a la que pertenece ha logrado un reconocimiento internacional.
Frutos de tempranillo de la comarca de Haro, que tras ser vendimiados y conducidos a bodega, son tratados con el mimo debido, comenzando una fermentación alcohólica bajo control de temperatura y largas maceraciones, acreditando una maduración de entre catorce y quince meses en barricas de madera de roble americano, ejercitando las preceptivas trasiegas que se llevan a buen término mediante gravedad y de barrica a barrica. Antes de su salida al mercado tiene un periodo de afinado en botella.
La familia Ijalba al frente de una bodega y unos vinos, que como el presente manifiestan un equilibrio y una entidad indudable. En copa parada exhibe un cromatismo apicotado de buena intensidad, con reflejos púrpura, desliza en nariz sensaciones de fragancia que apuntan fruta roja y negra maduras, especiados dulces y un condicionante balsámico que logra establecer un buen conducto y que desemboca en tostados. Tiene un punto torrefacto final, apreciable y consistente.
Boca resuelta, intensa y elegante, con la fruta marcando el camino, hay un buen balance, tiene longitud y se define como vino de buena concentración, sin llegar al concepto ducha de fruta, se muestra consistente, magnífico en las formas.
Es probable que para muchos, este crianza 2012 de Bodegas Santalba, sea un vino conmemorativo, una de esas etiquetas capaces de satisfacer las filias de quienes amamos Haro y su comarca.
Para mi, al margen de ello, es un vino amable, intenso en sensaciones de fruta y por ende de tempranillo. Lo califico en esta añada 2012 como muy recomendable.
Aprovechando la ocasión, felicito a todos mis lectores habituales y ocasionales, esta Navidad, época entrañable en donde todos nos reunimos en torno a una mesa, con buenos vinos.
Siempre con el vino y su cultura, como banderas, un caluroso abrazo para todos.

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