miércoles, 30 de diciembre de 2015

Alfredo Maestro Tejero Amanda Rosado de Lágrima 2014.




Siempre es un lujo poder escribir de vinos elaborados por un hombre como Alfredo Maestro. Comenzó su andadura en este mundo en el año 1998, y entre lectura y lectura de tratados de enología, empezó a bucear en los conocimientos de campo, gracias a sus incursiones en el viñedo, en donde los hombres de campo viticultores le trasladaban esas lecciones magistrales que no se aprenden en las frías aulas de la universidad. De sus actuales vinos naturales, hay esbozos de excepcionalidad, motivos que escapan del academicismo y que se palpan con el paladar, justo lo que sucede cuando desde la copa hacia fuera, Amanda comienza a guiñar, a charlar y a expresar.
Rosado de lágrima en edición de cosecha 2014 que hace un altar a la garnacha tintorera, frutos de esa varietal que se vendimian en la parcela El Cuchillejo, enclavada en el término municipal de Olmos de Peñafiel, cuya plantación data de 1953, y que está situada a una altitud de ochocientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, acreditando una exposición cardinal norte y unos suelos de composición calizo arcillosa. Para la elaboración de esta edición de añada se han incluído también uvas procedentes de otras viejas cepas localizadas en Burgos y Segovia.
Tras la vendimia manual, se procede, con el fruto ya en bodega; a un previo despalillado seguido de un estrujado y tres horas de maceración con hollejos que se realiza mediante control de temperatura. Fermentado en depósitos de acero inoxidable y barricas de madera de roble francés, usando levaduras autóctonas, inertizando el mosto. Posterior embotellado, omitiendo maloláctica.
En copa parada matiza un cromatismo indeterminado entre apicotado ligero y rosa frambuesa, limpio, anunciando en nariz recuerdos de frutos rojos y cítricos, esbelto en fragancia, con un punto equilibrado siempre hablando de la matriz, de esa garnacha golosa y palpitante. Tal vez en segundas aproximaciones me haya recordado con un sensual guiño un punto balsámico, aunque más insinuante que marcado. La boca es gentil, con la traza de acidez en media intensidad, expresa sustancia aunque se maneja con fluidez, de nuevo es la fruta madre quien refleja todas sus virtudes, con una persistencia ligera en las formas pero espléndida en el fondo. No se pierde en dogmas confiteros, con una retronasal que incide en los descriptores nasales, aportando evocaciones de frambuesas, fresas de mata, clementina y granada.
Un vino con indudable personalidad. Lo califico en esta añada 2014 como muy recomendable.

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