martes, 29 de diciembre de 2015

Alejandro Fernández Tinto Pesquera Bodega El Vínculo Paraje La Golosa Gran Reserva 2004.





Agradezco la desinteresada colaboración de este grupo bodeguero con mi espacio divulgador de la cultura vitivinícola mediando el envío de varias muestras de sus referencias principales. He comenzado mi cata y análisis personal de las mismas con este vino tinto elaborado de modo monovarietal con uvas de la casta tempranillo, en sede de una bodega que fue transformada desde su original uso para gozo y disfrute de sus propietarios, quedando constituída en el año 1999 la bodega El Vínculo que protagoniza la elaboración de esta referencia, surgida de viejas cepas localizadas a una altitud de entre seiscientos cincuenta y setecientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, terreno en descenso con exposición cardinal sur. Asentadas en suelos de composición arenosa y arcillosa, las viñas de esta zona de la geografía vitivinícola manchega son uno de los grandes orgullos personales de Alejandro Fernández y por ende del grupo Pesquera.
Tras la vendimia manual, se procede con la llegada de la fruta a bodega con un despalillado, al que sigue el preceptivo proceso de fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable bajo control de temperatura, acreditando una maduración en barricas de madera de roble francés que se prolonga durante veinticuatro meses, con treinta y seis meses más de afinado en botella, antes de su salida al mercado. Uno de esos vinos potentes, intensos, con la fruta dominando, ideal para compenetrar con un buen asado, idea que no dejé pasar de largo. Color apicotado intenso, con reflejos grana, acertando en nariz con una plena evocación de fruta negra y roja en sazón, detalles de segunda instancia que muestran memorias tostadas ligeras, tras de las que aparecen señas de identidad floral, algunos balsámicos y un guiño de cacao, este contenido, no demasiado marcado.
No parece en su paso por la vía olfativa, que el vino acredite la condición de gran reserva, sin lugar a dudas merece la pena esperar por él, mediante una guarda responsable en botella, si bien es cierto que en su presente hay motivos para la felicidad catadora.
Boca profunda, sustanciosa, con la fruta apareciendo desde el primer segundo, elementos de alguna rusticidad, alta nota de fruta que abraza el paladar y un buen recuerso de envolvencia, hay lácticos en el paso. Taninos golosos y marcados, con una franca seña de persistencia, dejando en la retronasal sensaciones de ciruelas, moras y una suave brisa confitada, avanzando en segunda linea con los tostados procedentes de la madera que le dió crianza, y finalizando con un broche balsámico que desemboca en apuntes de cacao y buen despliegue de sapidez.
No es un vino para beber en ayunas, sin duda.
Antes bien, es un vino que precisa de acompañamiento, y desde luego el asado de cordero preparado por mi suegra fue una pareja celestial para su correcta apreciación.
Rústica personalidad, personalidad propia.
Lo califico en esta añada 2004 entre recomendable y muy recomendable.

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