martes, 3 de noviembre de 2015

La clave de divulgar.




Mi intervención durante la cata maridaje del pasado domingo, en la clausura de las Jornadas de la Seta y el Champiñón de Autol, en suelo de Rioja, tuvo desde luego diferentes momentos. Como ya decía ayer en la entrada del blog, compartir mesa con dos mujeres del sector como Ana Rubio y Marga Pérez, fue ante todo un honor, ya que ellas mediante su incansable trabajo diario están dotadas de los criterios de autoridad en la materia, necesarios y precisos, para dar a conocer todo aquello que realmente importa, por encima de cualquier interés de esos que por desgracia abundan en nuestro pais y que muchas veces llevan al error ó a la mala interpretación.
Nadie como una directora de calidad y enóloga ó como una directora de un centro tecnológico de investigación de la seta pueden reflejar mediante el uso de la palabra los conocimientos precisos que arman un proceso de divulgación con buenos cimientos y mejores cementos.
Siempre lo dije, desde que un día decidí compartir con mis lectores habituales ó puntuales, todas las impresiones y sensaciones que se van acumulando en mi saco de ideas vitivinicultoras. La divulgación es una de las patas de la mesa, de esa mesa que coloca sobre el mantel la cultura del vino. Saber cómo transmitir y llevarlo a cabo es necesario, máxime en unos tiempos como los actuales, en los que la información se extiende como el agua que surge de un manantial de montaña, profusa, cristalina y fresca. Llegar, tener alcance, no siempre es tarea fácil. Es necesario relatar, contar experiencias, manifestar con cierta transparencia y efectividad aquellas ideas, aquellos datos y toda la información que va generando el día a día de una bodega, para alcanzar al consumidor, al cliente final y a todos aquellos que disfrutan debatiendo, compartiendo y viviendo cada uno de los capítulos que la cultura alimentaria, gastronómica y vitivinicultora van generando.
Son tantas las citas, los eventos, las ferias y salones, que quienes escribimos de todo ello, a veces nos vemos superados por la actualidad. Sobre todo cuando los garbanzos y el sustento principal, llega desde otras labores que la vida te va ofreciendo.
Lo decía ayer y lo repito en el presente artículo : las maneras son muy relevantes en el instante de la divulgación, pero sin duda la pasión de quien divulga también lo es.
Cuando uno disfruta, el resultado es más emocionante, cuenta con mayores dosis de viveza y el auditorio termina notándolo. Yo creo que me puedo sentir francamente orgulloso de la labor divulgadora que Ana, Marga y yo realizamos el domingo delante de los asistentes al evento celebrado en el municipio de Autol. Orgullosos sin recurrir a falsas modestias ó verguenzas, orgullosos de haber presenciado como el público disfrutaba, comentaba y pasaba un buen rato dominical.
Con el micrófono en la mano, siempre se va de menos a más, primero hay que romper el hielo, esa distancia que separa el púlpito del auditorio, y a medida que se va logrando, en mayor ó menor medida, la chispa del interés por lo transmitido va in crescendo, logrando el mayor éxito cuando el transmisor cala en el receptor y obtiene el aplauso e incluso en algunos casos, los vítores.
Mi orgullo personal por el aplauso y los vítores no llega desde el sentimiento de la autocomplacencia, sino antes bien por la sensación que estos transmiten a quien lleva algunos años ya buscando un espacio propio en este mundo de la divulgación.
Me piden muchas veces que me limite sólo a catar y escribir sobre vinos y vides de Rioja, incluso más allá, que lo haga únicamente sobre vinos y bodegas españolas. No lo haré, y aunque no lo haré porque para mi la cultura del vino no es una simple cuestión de patrias y banderas, también debo manifestar que la cultura gastronómica española es en realidad y en si misma un sólido valor, un tesoro que algunas veces necesita un paño que le devuelva el brillo.
Somos los españoles unos saturnianos devorando a sus hijos, unos fieles representantes de tópicos chirriantes que nos convierten en seres humanos de compleja personalidad, capaces de destrozar nuestra riqueza a base de bocados de envidias y aldeanismos fatuos.
Retirando esa cortina y dejando a la vista nuestros valores, los cuales muchas veces comenzamos defendiendo para acto seguido destruir, entra en juego ese poder de la divulgación, certera, valiente, periférica e ilimitada.
La publicidad no es un gasto, es una inversión de presente y futuro. La divulgación no es una simple comunicación, es un arte de compartir, de trasladar, de emitir ideas y conclusiones para que los receptores de las mismas conozcan más de cerca el vino, la bodega, las viñas y el campo, y a quienes laboran a diario en pos de su elaboración.
Y es que beber vino no es sólo levantar una copa y dar cinco sorbos, es ante todo y sobre todo comprender su carácter y personalidad y las de aquellos que lo miman y elaboran, desde la rudeza y belleza estética del campo hasta la dicharachera y a veces frenética estampa que se crea en el interior de la bodega.
Sólo de ese modo es posible entender un vino. Y eso, amigos mios, se tiene que dar a conocer.
No hacerlo ó hacerlo mal, deja al vino en mal lugar.
Quienes en actos como el del domingo en la carpa de Autol, dedicamos una parte de nuestro tiempo a la divulgación, sea humilde ó no tanto, colaboramos en buena medida a ello, siempre y tanto en mi caso, como en el de Ana y Marga, con respeto, afecto y pretensiones de cercanía.
Nuestra clave, la de divulgar, es desinteresada y a través de ella no se engrandece nuestro ego, sino más bien se pretende engrandecer el brillo del vino, las setas y los champiñones, y el de todos aquellos frutos de nuestra gastronomía.
Compartir experiencias, uno de los grandes valores de este mundo en el que la información y la comunicación no siempre reflejan la pureza y la transparencia requeridas al efecto.
Ana, Marga y quien esto escribe, al menos lo intentamos.
Si lo logramos, objetivo cumplido.
Si no, seguiremos intentándolo, y es que a través del aprendizaje y la humildad, también se logran los objetivos buscados. Nunca se sabe lo suficiente de este mundo y en intervenciones como la del domingo es donde ese aprendizaje se recrea en toda su extensión.
La extensión de la palabra misma.

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