domingo, 15 de noviembre de 2015

Desafio de futuro.


Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta : razón y derecho en la lucha. 
Miguel de Unamuno, 12 de Octubre de 1936, Universidad de Salamanca, en respuesta al ¨Viva la Muerte" de Millán-Astray.

No he sido capaz siquiera de descorchar una sola botella de vino, con la intención de catar su contenido y escribir una entrada en el blog. Los atentados de la noche del viernes en la ciudad de París han colapsado mis sentidos, los han llevado a un punto en donde la mezcla de reflexión y dolor, pena, tristeza, se ha apoderado de mi, en pleno fin de semana, ese que algunos aprovechamos para dar rienda suelta a nuestras ganas de ocio y descanso.
Pienso en esos ciudadanos de París que el viernes a la tarde abandonaron sus hogares, después de toda una semana de trabajo, buscando congratularse mediante las excelencias de un partido internacional de fútbol, de un concierto de rock ó de una cena en uno de esos coquetos establecimientos gastronómicos que abundan por las calles de París.
Pienso en como jamás pensaron que no volverían a casa, y en el sufrimiento de sus familias cuando fueron informadas de la tragedia.
El dolor inyectado por quienes buscaron con alevosa premeditación causar horror, muerte, atacando lugares estratégicos del ocio y el descanso de fin de semana.
No estamos preparados en Occidente para admitir tanto dolor inesperado, tanto terror irracional, tanta sangre derramada de modo gratuito, que surge de introducir el caos en el orden.
Y esa quiebra del orden es la que utilizan los asesinos yihaidistas para golpear sin piedad en el corazón de Occidente, de sus gentes y familias.
Acto de guerra, lo dijo ayer Monsieur Hollande, ¿y qué más?. ¿Se soluciona esto con misiles teledirigidos?. Desde los atentados a las torres gemelas del fatídico 11-S las soluciones al yihaidismo que plantean la Otan y los aliados no parecen dar resultado, resultan estériles.
Parece que nadie quiere atender a las causas reales que incentivan la aparición de jovenes capaces de creer más allá de lo razonable, de chicos musulmanes que enarbolan la bandera del fanatismo y que tras entrenarse en unos irracionales argumentos ideologicos que hacen de la muerte algo romantico, muy al estilo de la literatura que precedió y siguió a la Primera Guerra Mundial, dedican sus esfuerzos en morir matando, en viajar al más allá liquidando cruzados, tal y como señalaba ayer mismo el comunicado reivindicativo de Daesh.
Siempre he defendido que son la educación y la cultura, mediante la lectura, el estudio y el continuo aprendizaje íntimo y personal, las que diferencian al ser humano de las bestias. Que cuando Occidente sepa reconocer todo aquello que históricamente hizo mal ó simplemente no hizo, en sus incursiones colonialistas e invasivas en Oriente, tal vez las cosas empiecen a cambiar. Que cuando sepamos inyectar en aquel mundo, para España no tan lejano ni en lo geográfico ni en lo histórico, buenas dosis de educación y respeto a unos valores, tal vez los mismos de la escuela republicana francesa, los de la Ilustración; sin ánimo impositivo, si aleccionador, mirando no por encima del hombro, sí a los ojos, tal vez sólo entonces podamos vivir sin miedo.
Oigo por ejemplo según escribo este artículo a una señora del Partido Popular, llamando cursilada al criterio de la educación como tesis contraria al terrorismo. Y añade, como si acabar con el terrorismo dependiera de una enciclopedia. Es evidente que con políticas y tesis como esta ridiculizando la cultura, será harto complejo avanzar en la solución de futuro de problemas como el del terrorismo yihaidista. Quien no reconoce la educación como valor, sino como cursilada, carece de sentido común y es inaceptable en un Estado de Derecho y en una Democracia.
No es de recibo que paises como Arabia Saudí sigan haciéndonos ver lo que no es, no es de recibo que pensemos por un momento que estos horribles crímenes se solucionan con más violencia que razón y derecho en la lucha.
Cierto es que la violencia fanática no se contesta a corto plazo con palabras, sería de ingenuo pensar así. Pero no es menos cierto que a medio y largo plazo hay que empezar a pensar en otras medidas, en otras acciones que puedan poner los cimientos para un edificio de futuro más sólido y con menos violencia. La presunción de una intervención militar a corto plazo contra Daesh, no es incompatible con concentrar los esfuerzos comunes de futuro dirigidos hacia una inyección de mayores cotas de cultura y educación en las nuevas generaciones.
Buscar el fondo de un problema para terminar con él, es una actitud positiva e inteligente. No hacerlo es saber de antemano que tropezaremos una y otra vez con la misma piedra.
Son nuestros niños, nuestros jovenes, y sus niños y sus jovenes quienes deben aprender de todo esto. Un libro, un bolígrafo, un ordenador, un pensamiento compartido en alta voz, un diálogo, un debate y sobre todo el poder de la palabra, con la concordia y el respeto al prójimo, ponen en fuga al fanatismo, sea político ó religioso, ó simplemente recurrente.
Nadie olvide que el fanatismo no es monopolio de grupos como Daesh ó Al Qaeda, que en nuestro querido y dorado Occidente también existe, a veces escondido bajo siglas políticas ó religiosas, a veces en altas instancias del poder político, jurídico, bancario ó empresarial.
Ni somos perfectos, ni por desgracia tenemos las manos limpias en el curso de la historia del hombre.
Es hora ya de que los ciudadanos, los que hemos visto caer a seres humanos en la noche del viernes en París, exijamos más a nuestros políticos, que nuestros votos tengan un valor, que no sean gratuitos y sobre todo que huyan de aquel yo voto al menos malo. Hay que votar al mejor.
Hay que reclamar mejores políticas, estadistas, individuos con visión, que sepan inocular al ritmo de las olas de las relaciones internacionales, de mayor nivel, de mejor empaque.
El desafio es persuadir, el triunfo no será en la guerra como medio para lograr el fin. El triunfo vendrá con paciencia y trabajo, como herencia de estas generaciones adultas a las futuras. El mundo merece pensamiento, reflexión y capacidad de persuasión. Menos dictaduras encubiertas y más democracias reales. Desafio de futuro.
Mientras tanto, la sangre derramada en las calles de París, Damasco ó Beirut, debe servir de espoleta para que los ciudadanos nos detengamos a reflexionar más allá del ritmo cansino de la rutina, esa que seguirá siendo violentada si no atacamos el problema de raiz.
Viva la Libertad.

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