sábado, 21 de noviembre de 2015

Celler Coca i Fitó Jaspi Negre 2012.




Vinos hay que demuestran desde el instante mismo del descorche de la botella un matiz frutal dotado de una especial personalidad. Es el caso de este sorprendente Jaspi Negre en su edición de añada 2012, cuya muestra me ha sido remitida de modo desinteresado por los responsables de la bodega del Montsant catalán, Coca i Fitó, hecho que deseo agradecer y que sin duda estimo por la señal de confianza que han depositado en este espacio divulgador de la cultura del vino.
Dos hermanos, Toni y Miquel, emparentados con el Alto Penedés, iniciaron su andadura profesional como hacedores de vino, allá por el año 2006, basados en prácticas de cultivo ecológico, con pluralidad de viñedos situados en diversos términos municipales enclavados en el Valle de Falset.
Es de esa diversidad, incluso en la composición de los terrenos en los que se asientan las viñas que les sirven de fuente de uva, de donde los hermanos Coca i Fitó logran el aporte necesario para elaborar vinos sabrosos, en donde la fruta genera sensaciones amplias tanto en nariz como en boca, con pasos amables, intensos, y como ya he dicho, llenos de propia personalidad.
El Jaspi Negre en edición de añada 2012 se matiza con una conjunción varietal de las castas garnacha, samsó, cabernet sauvignon y syrah, con una maduración acreditada en barricas de madera de roble francés y americano que se prolonga durante un periodo de entre tres y cuatro meses.
A esa diferente procedencia de la fruta madre, se une la diversa antiguedad media de cada viñedo varietal que va desde los diez a los noventa años.
Tiene imagen de vino joven, y sin embargo esa leve influencia de la madera, le aporta una precisa sensación de madurez, de complejidad aromática y gustativa, que le da alas en su avance a lo largo de la cata.
En copa parada exhibe un cromatismo apicotado de buena intensidad, con algunos reflejos púrpura. Desliza en su cercanía aromática, recuerdos de fruta roja en sazón, con notas algo alcohólicas que van cediendo a medida que se airea la copa, ofreciendo recuerdos especiados dulces y una profunda y prolongada seña balsámica que le aporta una innegable condición de lozanía y que aporta buen carácter a los descriptores frutales.
Boca golosa y fresca desde el arranque, con una media traza de acidez, amable en el paladar, con taninos suaves, el guiño de dulzor característico de la varietal garnacha se deja sentir con ampulosa presencia. Buena persistencia, aunque alumbra una huella licorosa, es el tono balsámico el que predomina, recreándose en la retronasal y abrazando los recuerdos de cerezas, fresas y frambuesas, que se conjugan con una declinación de mentolados y regaliz.
Buena sapidez, alcance y pegada.
Lo califico en esta añada 2012 como muy recomendable.

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