jueves, 26 de noviembre de 2015

Bodegas Iñiguez de Mendoza A+1 Crianza 2012.





Mi agradecimiento a Jone Crespo por su desinteresada colaboración con este espacio de divulgación de la cultura vitivinícola, mediando el envío de varias muestras de sus principales referencias, siendo esta la segunda ocasión que Bodegas Iñiguez de Mendoza participa en este proyecto personal que a través de este blog lleva años de andadura y que sin duda ya se ha consolidado como un referente, gracias a mis fieles lectores, sin los que sin duda, nunca hubiera tenido el éxito presente.
Vino tinto crianza en edición de añada 2012, que se elabora de modo monovarietal con uvas de la casta tempranillo, acreditando una maduración en barricas de madera de roble francés por un periodo que se prolonga durante doce meses.
Podría definir este A+1 como un vino rico, gustoso, sabroso, con un perfil amable y simple, aunque no vulgar. Uno de esos vinos tintos de Rioja que invitan a beber una segunda copa, incluso una tercera, bien sea durante una comida ó cena, ó en cualquier salida de poteo por las coquetas calles de Laguardia. La sensación que queda cuando bebes una copa de este vino es placentera y al mismo tiempo aporta un punto de vino tradicional, lozano, fresco, con la madera bien integrada pero siempre a distancia de la proa, esta representada por un mascarón con forma de racimo de uva tempranillo.
En copa parada escenifica un cromatismo apicotado con reflejos púrpura, buena presencia, con una proximidad aromática que enlaza con recuerdos de fruta roja y negra en sazón, ligeros especiados dulces y un fondo en donde las notas balsámicas redondean el conjunto del perfume.
No evidencia excesiva complejidad pero no es su objetivo, estoy seguro.
Antes bien, la idea que sobresale desde el interior de la copa, es homenajear a la casta tempranillo, con un fino atisbo procedente de la influencia que marca el roble francés, pero siempre alejado del protagonismo, dejando que sea la fruta quien marque el guión de la fragancia.
Boca golosa y equilibrada desde el arranque, con una buena traza de acidez, viveza y frescura, amable en el avance, taninos pulidos y jugosos, muy buena seña de persistencia.
Expresa la condición varietal con longitud, anotando en la retronasal descritores de cerezas, ciruelas y moras, algún guiño de vainillas y un punto tostado más declarado aquí que en la fase aromática, finalizando con expresión balsámica, regaliz, y sapidez.
Lo califico en esta añada 2012 como muy recomendable.
Lo simple a veces no es sinónimo de vulgar. Este A+1 de Iñiguez de Mendoza representa con claridad meridiana todo lo que se le puede exigir a un vino crianza de la denominación de origen Rioja, en el que la tempranillo sea la protagonista, sin tener que recurrir a excentricidades y complejidades desmesuradas.
Una copa invita a otra. Esa es la mejor señal. La del éxito en un vino.

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