domingo, 18 de octubre de 2015

Vinos Ambíz Garnacha 2013.



Quiero agradecer a Fabio Bartolomei su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el envío de una amplia colección de sus elaboraciones.
Comienzo mi exposición con la única referencia tinta que este italiano, educado en tierras escocesas y afincado en Madrid, me ha remitido, siempre al objeto de mi cata y análisis personal.
La naturalidad y la filosofía de cultivo honesto, simpáticamente salvaje, de Bartolomei, son legendarias, de sobra conocidas por los que nos consideramos cercanos y apasionados notarios de este mundo de la cultura del vino y el viñedo. De hecho es considerable el esfuerzo de este hacedor de vinos, por mantener sus parcelas limpias de artificios, utilizando en todo caso compostados formados por detritus animales, procedentes de rebaños caprinos y ovinos, y raspón procedente de las uvas que utiliza para elaborar los vinos que llevan el estandarte Ambíz.
Desde su bodega en Morata de Tajuña a sus viñas de garnacha con más de cincuenta años de antiguedad situadas en Sotillo de la Adrada, en plena Sierra de Gredos, y otra parte procedente de El Tiemblo, Bartolomei defiende en el mercado vinos complejos en las formas y sencillos en el fondo, puede que incluso y para algunos gustos concretos, aparatosos.
Y es que con paladares domados por los vinos habituales, un vino que expresa naturalidad pura y dura, puede resultar algo brusco, rústico. No hay añadidos, no hay trampa ni cartón cuando Fabio habla de falta de agentes externos que vulneren la condición de la fruta que sienta los mimbres del vino. Es una garnacha anímica, que incluso fomenta el punto descriptor del terroir en donde se asientan las cepas que dan origen al zumo y al vino.
Proceso de fermentación alcohólica con levaduras indígenas, que tiene lugar en depósitos de acero inoxidable, maceración carbónica de la mitad durante treinta días, y crianza compartida en barricas de madera de roble de doscientos veinticinco y quinientos litros y en depósitos.
Si algo acredita la cata de este vino además de la fruta presente, es un sugerente guiño de mineralidad que aparece sobre todo en la vía retronasal, no tanto así en la fragancia, en donde y tras el descorche y el primer servicio en copa, las memorias expresivas aparecen un tanto rezagadas, siendo necesario esperar a que el vino se abra. Agitamos la copa, esperamos, ya que lo cato acompañado de dos enólogos de Rioja de diferentes perfiles y generaciones profesionales.
Personalmente admiro una cromática apicotada intensa con reflejos púrpura, apuntando en nariz sensaciones de fruta roja en sazón, algunas notas silvestres, no tanto de flores, sí más de hierbas aromáticas, incidiendo en el epílogo en algunas notas de granito y terrosidad húmeda, como la que procede de las tormentas estivales.
Es jugoso en su arranque en boca, amplio en los modos, rústico e incluso algo percutor en el avance, con notas de calidez, profuso en la llegada al paladar, taninos ligeros y golosos, con una media seña de persistencia. Desde luego su traza en cuanto a la acidez demostrada es suave, no muy marcada. La retronasal abunda en memorias de cerezas y ciruelas rojas, laurel y lavanda, incluyo en este instante un descriptor no reflejado en la fase aromática, balsámicos con una muy ligera nota mentolada algo esquiva, abriendo en el final un capítulo que deja memorias de mineralidad, cierta salinidad y ese sugerente recuerdo de tierra mojada por la lluvia y granito.
Lo califico en esta añada 2013 entre recomendable y muy recomendable.

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