martes, 13 de octubre de 2015

CVNE Imperial Gran Reserva Cosecha 1988.


Vino objeto de cata y análisis durante la masterclass de Tim Atkin en la primera de las jornadas del evento La Cata del Barrio de la Estación. Compruebo con satisfacción que estos viejos Imperiales de la bodega CVNE empiezan a ser un clásico en mi blog, sobre todo gracias a mis habituales encuentros con el enólogo Chus Madrazo, en los que siempre disfrutamos compartiendo buenos vinos y hablando, a la par que aprendiendo, sobre mil y un detalles en torno a este fascinante universo de la cultura vitivinícola. Madrazo, embajador excelente de Contino y por ende de su casa matriz en el Barrio de la Estación de Haro, me ha mostrado varias veces con que gracejo y buena salud progresan estas viejas añadas de la presente etiqueta, que en su día tuvieron como padres espirituales a dos iconos sagrados de la historia de la denominación de origen Rioja, Ezequiel García y Basilio Izquierdo.
En lo que respecta a este gran reserva de Imperial en edición de cosecha 1988, centra una cromática en copa parada que enseña tonos rojo cereza con reflejos cobrizos teja, brillante y limpio. La nariz abunda desde el inicio de su cercanía en evocadoras notas lácticas, especiadas, ahumadas y tostadas, que comienzan abrazando a la fruta roja en sazón, y que poco después y tras unos minutos de aireación, la sueltan en buena condición de intensidad, enfatizando su personalidad. Tiene una buena y compleja expresión aromática, profundiza en una segunda instancia que habla de granos de café, cedro y torrefactos, con una seña especiada muy ampulosa que traza memorias de pimienta negra, clavo y un aire de canela, este en menor intensidad que las anteriores. Hay una esencia de licorosidad, aunque no sea su principal despunte, finaliza en naturaleza silvestre un tanto otoñal y una huella que ensalza la ebanistería.
La boca es jugosa en el arranque, con vocación crediticia de redondez, se despliega seguro, certero, amable y con indudables motivos de elegancia, hay una nota grasa en el avance, cremoso con influencias de la madera de roble que le dió crianza, taninos golosos y pulidos. Hay vida, la acidez se mantiene bien delineada, aunque lo cierto es que no es la mejor añada de esta referencia de CVNE que he podido disfrutar en mi andadura con esta etiqueta señorial.
Buena persistencia, cubre bien el paladar, deja en la retronasal similares credenciales expresivas que las desplegadas en la vía olfativa. Hay fruta roja en sazón, ligeramente licorosa, equilibrada y afinada en torno a memorias especiadas complejas y variadas, matices de ebanistería, tostados, cafeteras sensaciones y alguna declinación silvestre.
Tempranillo mayoritario, con a buen seguro algunos aportes complementarios menores de mazuelo y graciano, y los treinta y seis meses de barrica de madera de roble que le sirvieron para madurar, más un periodo adicional no conocido de afinado en botella antes de su salida al mercado.
Lo califico en esta añada 1988 entre recomendable y muy recomendable.
Tal vez y al final de la cata lo he notado ligeramente cansado, sin la llegada que hubiese pretendido.
¿Cuestión de añada?. Tal vez.

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