lunes, 19 de octubre de 2015

Bodegas López de Heredia Viña Tondonia Tinto Cosecha 1981.


Ultima entrada dedicada a mi asistencia a las dos jornadas del evento La Cata del Barrio de la Estación, con uno de los vinos que más me entusiasmaron de cuantos pude catar y degustar. Uno de esos vinos que junto con el Prado Enea de Bodegas Muga en la edición de añada 1994, me hubiera acompañado, de haber podido, durante todo el día del viernes, para comprobar como iba progresando en copa y en botella despues de su descorche.
Y es que este Viña Tondonia en edición de añada 1981 consolidado a partir de una conjunción varietal con base mayoritaria de la uva tempranillo, setenta y cinco por ciento; y un quince porcentual de garnacha, dejando el diez por ciento restante para una cantidad paritaria de graciano y mazuelo, dejó con la boca abierta a más de uno de los presentes. No porque nadie lo aventurara, sino porque salió inmenso, elegante, gallardo, muy en clave vino fino de Rioja, con los acordes de la fruta bien elevados, fruto de una fermentación maloláctica que se desarrolla durante seis meses en tinas de madera, dando paso a continuación a una maduración de ocho años en viejas barricas de roble americano de doscientos veinticinco litros, con trasegados manuales cada año. Tras un clarificado con claras de huevo, se embotella directamente desde la barrica, sin filtrados. Se afina en botellero durante cuarenta y cuatro meses adicionales antes de su salida al mercado.
Pude tener el honor, por expresa petición de María José López de Heredia, de catar todas las botellas que subieron desde la bodega para estar bien presentes en la cata, en esos minutos previos en los que los representantes de cada bodega usan los sacacorchos y proceden a dar el visto bueno, la luz verde del semáforo, el banderazo de salida.
En copa parada deslumbró con una cromática rubídea, con reflejos cobrizos y marcados marrones, buena condición de brillo, aportando en la proximidad olfativa recuerdos de frutas rojas licorosas, esas ciruelas pasas que a veces van bañadas en armagnac y que en la alta cocina se suelen utilizar como escolta para postres y platos de caza, piel de naranja, canela y vainilla, flores marchitas, caja de puros y un asomo tostado que personalmente me ha evocado notas de almendras recién salidas de las brasas, tiene aromas de tocador femenino, de frutas deshidratadas, fresas y cerezas, con un clamor final que se ciñe a un rastro dulzón, firme, aportando secuencias de esas frutas rojas en reducción.
Licoroso, goloso y con una fragancia sensacional, que dura y progresa a medida que vamos agitando la copa.
La boca parece ligera, sutil, pero en cambio tiene esa esencia mágica de los grandes Tondonia, con la reducción lógica y unos destellos que alcanzan el paladar y que demuestran que algunas bodegas pueden presumir de saber envejecer sus vinos.
Largo y profuso en expresión, con la traza de acidez bien definida y prolongada, terciopelo puro, amable y muy resuelto, sabroso y elegante, lleno de equilibrio, la fruta siempre sobresale por encima de las influencias de la madera que lo maduró.
Taninos golosos y pulidos, con una magna persistencia.
La retronasal insiste en los recuerdos aromáticos, esa fruta roja licorosa y golosa, esas flores marchitas, ese punto que yo suelo definir como boudoir femenino, esas almendras tostadas, ese punto de barniz y ebanistería que se acopla al rastro sensitivo de la fruta, esos especiados dulces y esa amable y bien balanceada reducción.
En fin, un gran vino de Rioja, que en esta añada 1981, califico como más que muy recomendable.
Chimenea y manta...

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