lunes, 7 de septiembre de 2015

Oremus Tokaji Aszú 1999 3 Puttonyos.



Desde que en el año 1993 el gobierno húngaro vendiera la bodega Oremus a Vega Sicilia, muchos han sido los esfuerzos de esta por alzar la calidad de este tipo de vinos tokaji al puesto que merecen, tal y como cuentan que el Rey de Francia, Luis XI, sugirió al ser preguntado por su análisis personal de estos golosos vinos magiares. El vino de los reyes y el rey de los vinos, dicen que afirmó. Puesto que merecen como representantes ilustres de un vino dulce, equilibrado, elegante y pleno en esa tan deseada balanza de golmajería y frescura.
Gracias a la generosa aportación de mi amigo Iñigo he podido catar y degustar este Tokaji Aszú en edición de añada 1999 y tres puttonyos, ó lo que es lo mismo, dirigido a principiantes : escala de nivel de azúcar. Este se mide por el número de cestas de uvas botritizadas, benevolente hongo gris que afecta para mayor gloria de los catadores a los frutos a los procesos de vinificado y que logra esplendoros vinos dulces como el que ocupa hoy el protagonismo de mi blog.
Esas uvas aquejadas de botrytis cinerea recogidas en cestos e introducidas en barriles dieron forma al puttonyo, que según la tradición viticultora magiar era una canasta de uvas de veinticinco kilos, por ello cuantas más cestas se añadían al barril más nivel de puttonyos se lograba.
Todo ha evolucionado y aunque en el presente se hace más caso de los gramos de azúcar residual, de cara a fijar los niveles de dulzor, lo cierto es que la leyenda continúa, siempre para congratular a quienes, como quien esto escribe, saben apreciar estos vinos, a veces grandes desconocidos, otras poco valorados en su justa medida.
Un vino como el presente, con tres puttonyos, posee sesenta gramos de azúcar residual por litro y está elaborado con una conjunción varietal de las uvas furmint, hárslevelú y moscatel de grano menudo, acreditando tres años en barricas de madera húngara y dos años adicionales en botella, afinando en profundas cavidades de tufo volcánico.
Copa parada que presenta una cromática amarillo dorado con reflejos naranjas y cobrizos ligeros, abriendo en la proximidad aromática sensaciones que recuerdan a fruta escarchada, cítricos golosos, con fruta blanca de hueso, melocotón de viña, melosidad sabrosa y equlibrada, esbozando a medida que se agita la copa evocadoras notas florales que dan paso a manzana reineta, membrillo y confituras.
Tras una compleja fragancia plena de equilibrio, la boca tiene una entrada magnífica, con la traza de acidez aún bien presente y estilizada, perfecta unidad de un suave punto de dulzor y una viveza bien armada y delineada.
Untuosidad, con la nota de la botrytis presente y expresiva, envolvencia.
Retronasal que da paso a memorias de melocotón de viña en confitura, ciruelas claudia, manzana y membrillo, mandarina escarchada, flores blancas y amarillas, punto de melosidad, finaliza con una plena expresión de fruta y sapidez, nota de equilibrio que apuntala su privilegiada frescura.
Amplio y lleno de vida.
Lo califico en esta añada 1999 como más que muy recomendable.
Memorable.

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