sábado, 19 de septiembre de 2015

La Cata del Barrio de la Estación Haro / Elías y Atkin.







Era la cita. El gran día. Para alguien que siente Haro muy dentro y la denominación de origen Rioja en el corazón, asistir a un seminario del masterwine británico Tim Atkin, danzando y animando a bailar los paladares del público presente en torno a catorce vinos de Rioja, todos ellos fruto del trabajo de los hombres y mujeres del Barrio de la Estación; era casi inevitable.
Primer día para profesionales que se abría en Bodegas Bilbainas, y que tenía además el aliciente de escuchar como el historiador Luis Vicente Elías versaba con criterio y agudeza sobre el comienzo, pasado y presente de un emplazamiento cargado de romanticismo y leyenda, pero también de un más que seguro futuro que entre todos tenemos que conducir. El respeto que sentimos quienes hemos sido contagiados por el sentimiento de las presentes generaciones de viticultores y bodegueros de esos siete dominios vitivinícolas jarreros, llevadas estas ante todo por la filosofía que les transmitieron sus ascendientes, personajes históricos de la denominación y de este bello rincón de la geografía vitícola riojana, española e internacional. Un patrimonio histórico a defender y proteger, que merece ser divulgado y sin duda alabado en toda su extensión. Mencionar a las familias López de Heredia, Real de Asúa, Muga, entre otras; es recordar a quienes de un modo u otro defienden con pasión esta cultura del vino, a veces incomprendida y otras muchas ensalzada por quienes catamos, escribimos y divulgamos. Caras conocidas entre los presentes. Allí estaba María José López de Heredia con la que tuve la fortuna de coincidir madrugando, cuando aún la sala estaba casi vacía. María Larrea, enóloga de Cvne. Julio Saenz de Rioja Alta. Gentes de Bodegas Bilbainas, Gómez Cruzado, Roda. Isacín y Eduardo Muga, en fin, personajes que van integrados en el paisaje mismo del Barrio de la Estación, por donde el ferrocarril marcó camino, curso y leyenda, primero con un impulso francés, después con la iniciativa de empresarios vascos, catalanes y riojanos. Magnífica exposición de Luis Vicente Elías, plasmando con distendida y afable oratoria el devenir de los tiempos, los inicios de este lugar. Cronista de la historia de un Barrio que hizo de la vid y el vino, símbolos para una eternidad iniciada en el siglo diecinueve y que nos ha llegado intacta para gozo y disfrute de quienes creemos que detrás de una copa de vino hay algo más que una cumplidora colección de racimos de uva.
Llega luego Tim Atkin, un escritor de vinos, un catador con galones, que haciendo un esfuerzo personal a tener muy en cuenta por los presentes, nos transmite en un castellano más que decente, todas sus impresiones sobre los catorce vinos que vamos catando.
Distingo entre el público a Isabel Mijares y Juancho Asenjo, dos grandes en los que uno siempre busca reflejarse. Y mientras los vinos, servidos con destreza por el personal encargado al efecto, comienzan a hablar, a expresar pasado, presente y futuro, uno reflexiona y piensa que es un afortunado de sentirse aquí como en casa. El Barrio de la Estación es un poco de todos los que sentimos esa pasión que nos lleva a considerar este emblemático rincón de la Rioja como un icono a respetar en toda la amplitud del término.
En suma ese es uno de los objetivos buscados a través de estas dos jornadas, en suma es con el respeto como las nuevas generaciones al frente de las bodegas de este Barrio de la Estación saben defender y transmitir el legado y la filosofía que les dejaron sus ancestros.
Y como bien dijo María José López de Heredia, con vinos diferentes entre si, con vinos llenos de tipicidad y personalidad, con el emblema que debe hacer de la denominación de origen Rioja, un valor de futuro, un punto de encuentro y difusión que dando cabida a diferentes estilos y conceptos empresariales, sepa respetar el carácter y condición de un enclave vitivinícola de gran riqueza y diversidad, que según Atkin debiera fijarse menos en Burdeos y más en Borgoña.
El futuro de una denominación de origen que debe ensalzar la tipicidad, la excelencia, por encima de cualquier otra circunstancia.
Aquello que nos cuentan algunos : mi madre sabía de que zona de La Rioja, hasta de qué viñedo, procedía la uva con la que se había elaborado el vino que estaba bebiendo, y que por desgracia se ha ido perdiendo, aunque muchos pretendemos recuperar, aunque sea en alguna medida.
La cata del Barrio de la Estación iniciada con este seminario de Atkin y con la estupenda exposición de Elías debe convertirse en una referencia, porque en las actuales condiciones del mercado, la divulgación, la comunicación y los impulsos de compartir con el público en general los tesoros, a veces desconocidos y otras no valorados en la medida suficiente, deben ser asignaturas a cursar.
No basta con querer, de vez en cuando es bueno expresarlo, decirlo en alta voz.
Con el Barrio de la Estación ha sucedido algo parecido. Algunos sabemos que ahí está, que en efecto existe, pero hay que contarlo, expresarlo, divulgarlo, y como bien me enseñan personas como los hermanos López de Heredia ó la familia Muga cada vez que les visito, transmitir con amplitud y orgullo, que este legado generacional es patrimonio histórico, repleto de rincones, de valores, de virtudes que seguro que se merecen mucho más reconocimiento del que ya tienen.
Sin lugar a dudas, eventos como este, ayudarán en alguna medida a que de una vez por todas, nuestro querido Barrio de la Estación alcance ese punto de gloria que aún le falta. No lo olviden, somos españoles y por desgracia no nos enseñaron a vendernos haciendo a veces norma aquello de nadie es profeta en su tierra.
Esperemos que este deseo no caiga en saco roto. Depende un poco de todos. De todos los que comprendemos el mensaje. Historia y romanticismo, presente y reconocimiento, gloria y futuro. Brindo por ello con cualquiera de los catorce vinos con los que estas siete bodegas de Rioja quisieron y lograron agasajarnos durante la mañana del viernes.
Gracias de verdad a ellas por hacernos sentir tan bien, tan integrados en el paisaje por donde el ferrocarril, las uvas, la madera, el vino y el trabajo diario crearon ese chispazo de vida, de magia y leyenda. Y para Elías y Atkin mi felicitación sincera y cordial, han abierto una puerta que ahora ya no debe cerrarse, esa puerta de la divulgación y del reconocimiento.
Esa puerta que asistida por verjas diferentes, algunas polvorientas, adornadas en la forja e ilustres, otras renovadas y más relucientes, abre el camino a seguir.
Entre todos lograremos el objetivo, siempre aportando desde el respeto. Un respeto basado en tantos años y tantas generaciones de apasionados elaboradores, que sin duda los merecen.


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