sábado, 26 de septiembre de 2015

E.Guigal Côtes du Rhône Red 2007.




Una de esas botellas que uno compra y guarda en la trasera de su vinoteca, esperando comprobar tras olvido premeditado, como va evolucionando en botella mediando una reserva responsable, demorando el descorche todo lo que su ansia de catador le permite.
Con la tradición de la familia Guigal y con su historial vitivinícola ligado a Côte-Rôtie durante tres generaciones, estamos delante de un vino tinto que representa una conjunción varietal de syrah, al cincuenta por ciento, garnacha en un cuarenta y mourvèdre en el diez por ciento restante, frutas procedentes de viñas que acreditan una antiguedad media de treinta y cinco años y que se encuentran asentadas sobre suelos de variada composición, caliza y granítica en su mayor parte, con origen aluvial y presencia de guijarros.
Para la elaboración de este vino se procede con un método tradicional de vinificado, fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable bajo control de temperatura, con buen tiempo de permanencia con las pieles del fruto, ampliando una buena maceración.
Acredita un tiempo de crianza de dieciocho meses en foudres de madera de roble francés.
Copa parada que defiende un color apicotado ligero con reflejos grana, alguna suave insinuación rubídea, perfilando en su cercanía aromática recuerdos de fruta roja en sazón, levemente compotada, con algunas señas de pétalos de flores rojas, matiz balsámico poco pronunciado y a medida que el vino va ganando condición en copa, surgen recuerdos especiados ligeros que escoltan las evocaciones frutales y aportan mayor dosis de complejidad.
En todo caso se nota buen equilibrio de fruta y madera, con ese perímetro balsámico en la fragancia que concede a la cata una mayor longitud en cuanto al tiempo de expresión del perfume.
La boca se abre con un buen tono de golosidad, desde el inicio demuestra tener un sólido carácter, acidez de media alta intensidad, taninos golosos y finos, dejando una seña de franca persistencia, en donde las notas varietales se recrean con nuestro paladar. Estructurado y dejando muestras de buena robustez, los matices silvestres aparecen con más potencia en boca que en la fragancia, ganando la partida a los descriptores balsámicos que en el aroma se establecían con más fortaleza.
La retronasal habla de cerezas y grosellas, bayas silvestres, pétalos de rosas rojas e incluso algún matiz de arbusto de monte bajo, finalizando con sapidez y frutosidad, y manifestando nervio y viveza.
Lo califico en esta añada 2007 como muy recomendable.
Uno de esos vinos que desde el descorche a la segunda copa van de menos a más.

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