lunes, 28 de septiembre de 2015

Bodegas Gómez Cruzado Pancrudo Selección Terroir 2013.




Dos veces pude catar y degustar esta referencia de Bodegas Gómez Cruzado durante mi asistencia a las jornadas de La Cata del Barrio de la Estación. La primera en la coqueta sala habilitada en Bodegas Bilbaínas para la masterclass del británico Tim Atkin, la segunda al día siguiente cuando en compañía de unos buenos amigos acudí a la propia bodega elaboradora al objeto de contrastar mis sensaciones del primer día.
Si a ello añado el hecho de que finalicé mi visita armonizando el vino con una suculenta tapa planteada por el equipo profesional del restaurante de Casalarreina, La Vieja Bodega, que incluía en su elaboración un consistente aporte del queso de mezcla semicurado de corteza natural, con dos meses de maduración, que la quesería Los Cameros de Haro, grandes los hermanos Martínez; presenta con indudable personalidad entre las variedad de ofertas de queso planteadas al consumidor en el mercado, entenderán ustedes que mis impresiones sobre este vino, sean del todo completas.
Para quienes no conozcan esta zona de la Rioja Alta, es bueno aconsejarles. Primero en relación al comedor, uno de los más apreciados por quien redacta estas lineas, no sólo por la atención y la calidad del servicio, sino por la suerte de presentaciones culinarias que sentado en su salón principal, he podido saborear y apreciar. Segundo, en referencia a este elaborador de quesos, varias veces premiado a nivel internacional y que para quienes deseen visitar sus instalaciones, ofrece visitas guidas a través de las que poder disfrutar de unas horas fructíferas en cuanto a la asimilación personal de todos los detalles que encierra esta otra cultura hermana, la del queso.
El vasito de cremoso de queso Los Cameros, con pera y anchoa, representó en el conjunto de pinchos de la segunda jornada de La Cata del Barrio de la Estación, ese toque modernista, dulcemente opuesto a la tradición de la tapería de la comarca de Haro, confabulando la cremosidad, el dulzor y jugosidad de la fruta, con ese contraste salado que aportaba la anchoa, un trípode de sabores y texturas que lo convertía en innovador, desde una simpleza nada vulgar y una equilibrada galantería destinada al paladar.
En lo que respecta al Pancrudo Selección Terroir en su edición de añada 2013 apunto que se trata de un monovarietal de la uva garnacha, una apuesta valiente por parte de sus creadores, siempre aliados con el viñedo del que surgen los frutos que garantizan su venida al mundo de los mortales.
Tal y como refiere uno de los enólogos de Gómez Cruzado, David González; un vino de pueblo que muestra una original expresión de la garnacha.
Viejas viñas de garnacha localizadas en el término municipal de Badarán, en el Alto Najerilla, que acreditan una antiguedad media de ochenta años y que se asientan en suelos de composición arcillo ferrosa, con exposición cardinal norte y una altitud sobre el nivel del mar que supera los seiscientos cincuenta metros.
Aires de la Sierra de la Demanda y los cuatro montes Pancrudos, alzados a más de dos mil metros de altitud, y homenajeados con el bautismo de este vino tinto monovarietal de Gómez Cruzado.
Fermentación en depósitos abiertos de acero inoxidable, con suaves bazuqueos, posterior maloláctica en huevos de hormigón y barricas de madera de roble francés, con conservación y maduración de doce meses, compartiendo en régimen paritario, continentes de madera nueva de roble francés y los ya mencionados ovoides depósitos.
Búsqueda evidente de peculariedad, de expresión y signos nuevos dentro del Barrio de la Estación, concediendo un valiente crédito a la varietal garnacha, en una zona de cultivo fría que acaricia la condición atlántica vitivinícola y que en lo que respecta a la añada que ha dado lugar a este Pancrudo, dió los cauces precisos, según sus elaboradores, para poder reflejarlo con presunción de garantías de éxito. Poco habitual presencia de viento sur en una zona de pre montaña que facilitó la buena maduración del fruto.
Cuestionado en este sentido Juan Antonio Leza, nos indica que Pancrudo es probable que no se elabore todos los años, ya que es evidente que la climatología de la zona en donde surgen los frutos de garnacha con los que se elabora, está condicionada por las circunstancias planteadas en cada curso anual.
Refiero a continuación mis impresiones del primer día de cata. Cromática apicotada suave con reflejos púrpura y grana, afirmando en su proximidad aromática recuerdos de fruta roja en sazón, algunas señas especiadas ligeras, nota balsámica en el centro de la fragancia, y en el final un punto que recrea cierta mineralidad. No tiene un perfil demasiado complejo en el perfume, pero en cualquier caso acredita una muy buena condición de la fruta madre que le dió vida.
Sé que hay gente que no comparte mi criterio de que hay vinos de nariz, vinos de boca, y vinos que reunen ambas credenciales, que ese distingo les parece poco menos que una somera gilipollez, y sin embargo yo soy más partidario de los segundos y terceros.
En este caso, el Pancrudo es un vino que llena la boca, no descuida la nariz aunque en este punto es más reservado, sobre todo en los inicios de su análisis. Puede que con tanta presencia de tempranillo mayoritario entre sus vecinos del Barrio de la Estación, no se le haga justicia con un contraste a veces poco entendido. Pero quien lo cató dos días y dos veces, sabe que la gran virtud de este vino consiste en su peculariedad, en ese asomo de frescura que despliega en boca, amplio en frescura, sin enmascarar la identidad varietal, pero en efecto, y como buscan sus creadores, plantar en la copa la bandera de la tipicidad y la zona geográfica riojana que le sirve de cuna.
No es una garnacha riojana al uso, es una elegida, un punto y aparte en la tradición, esa que a menudo sólo la refería a claretes e inevitables coupages en los que la tempranillo siempre salía casta vencedora.
Como ya digo, entrada en boca que hace dudar puntualmente sobre la identidad de la uva que da forma al vino, tiene un guiño breve en el que la acidez parece presentar las características de otra varietal, aunque a medida que avanza, expresa golosidad, frescura y una seña de cremosidad, como un globo de fruta que llena la boca.
Taninos finos y golosos, amable persistencia, con buena viveza y una retronasal que habla de cerezas y fresas de mata, pimienta y un aire entre balsámico y silvestre que le da prolongación y que desemboca en una mineralidad apacible ligada con memorias de salinidad.
Domado el frío de la viña en esta añada, acomodado con una huella cremosa en boca, el garnacho de Badarán expresa y lo hace con pulso firme.
Califico esta añada 2013 del Pancrudo Selección Terroir como muy recomendable.
Por último, escribía el otro día uno de mis amigos de las redes sociales que era este el vino que más le había sorprendido de cuantos bebió durante su visita al Barrio de la Estación, le respondía yo que no. Y es que en efecto, nada me sorprendió, lo cual no es sinónimo de que no me gustara.
Es un vino diferenciador, armado de un afán por reflejar las condiciones de una zona específica de la denominación de origen Rioja y eso le da un valor, puede que no siempre bien entendido, aunque a mi juicio sí bien reflejado.
Lo dicho : una valiente apuesta. Y yo siempre voy con los valientes.

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