jueves, 10 de septiembre de 2015

Bodegas Conde de Iscar Buenpuerto Verdejo 2014.



Verdejo y Rueda, dos términos y un destino.
Crítica, a veces desmesurada con la polémica de fondo sobre las pretendidas búsquedas de nuevos rumbos en la denominación, con ese discurso de no hay una sola bodega en España que no quiera tener un vino de Rueda, surgido de la mente del secretario del Consejo Regulador. Exceso de oferta, precios a veces en exceso a la baja y la imagen de una zona vitivinícola española de prestigio amarrada con nudos correderos.
Personalmente y desde el respeto que me merece el trabajo y el esfuerzo de los viticultores y enólogos de este rincón de nuestra cultura vitivinícola patria, creo que de los alardes hemos pasado con el tiempo a los lamentos. Los excesos se pagan siempre y lo cierto es que incluso y en algunos círculos hasta se ha creado cierta mala fama a la varietal verdejo.
Esto está en la calle, no es opinión.
Nada en esta vida merece ser generalizado, hay que huir de los tópicos, y lo cierto es que bajo la enseña de Rueda se elaboran grandes vinos blancos, y también, no hay que negarlo, algunos que a través de sus descriptores confunden al consumidor, surgiendo desde el interior de la copa, y tras el primer servicio, algunos aromas que por su condición de agresivos y percutores, desvirtúan la naturaleza de los buenos vinos edificados a partir de la casta verdejo.
Este que ocupa el protagonismo de la entrada de hoy representa para mi un término medio.
Es un vino de talante comercial, de los de trago fácil, armado por una presencia en copa parada que exhibe un color amarillo pajizo, con buen brillo, apuntando en su proximidad olfativa memorias de fruta cítrica, algunas flores blancas y amarillas, deslizando tras agitar la copa, unos guiños que envían evocaciones de fragancia fruta tropical y balsámicos, junto con un final de perfume que representa sensaciones de hierba fresca.
Aunque no tiene una nariz en exceso afinada, considero que se salva con creces de la quema personal de brujas que inicié tiempo atrás, tras catar un buen número de vinos de esta denominación con un fuerte testigo aromático de sudoración humana, fruto probablemente de litigios microbianos surgidos y no evitados durante el proceso fermentativo.
Buenpuerto no cumple, a Dios gracias, con esa fea sensación organoléptica y ello se agradece.
La boca abre con frescura, es amable y untuosa en el paso, facultando una vez más aquella definición que alguien dió alguna vez de la casta verdejo, la tinta albina, dando precisamente forma literaria a la buena estructura que esta varietal suele dar en boca en los vinos elaborados con ella, que más agraciados nos resultan.
Buena prolongación, un vino de buena envolvencia, agradable y fresco.
La retronasal juega a presentar parecidos descriptores que los reflejados en nariz, con limón y piña, motivos florales, lavanda, balsámicos, hinojo y una buena condición de largura en el epílogo.
Lo califico en esta añada 2014 como recomendable.

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