domingo, 27 de septiembre de 2015

Bodegas Bilbaínas Viña Pomal Reserva 2010.





Un clásico de Rioja y del Barrio de la Estación acompañando al postre con el que se nos agasajó a los profesionales que acudimos a ese bello rincón jarrero durante la primera jornada del magnífico evento, que por cierto ha sido criticado por algunos y alabado por otros, entre los cuales me incluyo.
Da gusto comprobar como las ideas que uno defiende se llevan a cabo de un modo cuanto menos similar al imaginado, sobre todo cuando después de visitar varias veces los vecinos Primeur de Burdeos, la bombilla se enciende y crea la ilusión de organizar en España formatos parecidos.
Dijo el masterwine Tim Atkin durante su masterclass que parte de la responsabilidad del evento corría de su cuenta, ya que al parecer fue él quien lo propuso a varias bodegas del Barrio de la Estación. Presente yo en la sala no pude evitar plantear en mi rostro una sonrisa, ya que sin llegar a su grado de erudición, el planteamiento ya lo había transmitido yo mismo con antelación suficiente como para sentirme a gusto y venirme arriba.
Hay ocasiones en las que el tiempo te da la razón. Y otras no tanto.
Volviendo al protagonismo de esta entrada, y con la exquisita memoria de un postre pleno de golmajería, refiero por encima del pastelillo, porción de tarta, la presencia en el mismo de un medio fardelejo, celestial bocado que pudo servir de homenaje, tal vez involuntario; a la hermana Rioja Baja, ya que su origen parece venir acreditado por los hornos legendarios de la localidad de Arnedo, con reminiscencias árabes y una trayectoria documentada que se remonta al siglo IX.
Cubierta de hojaldre con un relleno que simula el mazapán si bien resulta más liviano y se resume una pasta elaborada a base de huevo, almendras, azúcar y ralladura de limón.
Emplatado con una pizca de azúcar glacé, magníficó la compostura del último plato de la comida, ese que suele resultar justiciero y crediticio de la calidad concreta de un ágape.
En lo que respecta al vino tinto reserva en edición de añada 2010 que llenaba mi copa en este dulce instante de placer culinario, se trata de un monovarietal de la casta tempranillo, que acredita una maduración de dieciocho meses en barricas de madera de roble americano. Fruta procedente de la histórica parcela propiedad de Bodegas Bilbaínas, que mece su personalidad con la influencia de los ríos Ebro y su afluente Tirón, respondiendo así a un perfil de clima mediterráneo.
La clarificación del Viña Pomal reserva se realiza de modo natural, procediendo a tal fin con trasegados que se realizan durante el periodo de maduración.
En copa parada exhibe un color apicotado de buena intensidad, con reflejos púrpura y leves insinuaciones grana, desliza en nariz recuerdos francos de fruta roja en sazón, suaves memorias especiadas, alguna huella tostada y punta que procede de la madera continente y que refleja sensaciones de ebanistería.
Abre en boca con buena traza de acidez, sostenida y acompasada, manifiesta un buen equilibrio, punto de frescura en el avance, cubre bien con las notas de fruta el paladar y esgrime unos taninos golosos y finos, planteando una persistencia de medio alto calado.
Retronasal que abunda en ciruelas rojas, vainilla, algunos tonos tostados y de ebanistería, y en el epílogo seña de sabrosa sapidez.
Un vino que en esta edición de añada 2010 califico entre recomendable y muy recomendable y que sirvió de maravilla para finalizar una comida, a la que personalmente asistí rodeado de buena gente.
¿Se puede pedir más?.

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