jueves, 24 de septiembre de 2015

Bodegas Bilbaínas Viña Pomal Gran Reserva 1987.




Una de las grandezas de este fascinante mundo de la cultura vitivinícola consiste en pensar en el pasado, ese matiz romántico y de leyenda que abunda por derecho propio en el Barrio de la Estación de Haro y que es capaz de reunir con el acto de un descorche a generaciones pretéritas de hombres y mujeres que dedicaron su vida al arte del cultivo de la vid, de la tonelería y la uva, el mosto y el vino, con nosotros, mortales contemporáneos a los que un día cualquiera del mes de setiembre de 2015 nos da por asistir a una cata dirigida por un británico doctorado y celebrada en una coqueta sala de uno de los templos con más historia a sus espaldas de cuantos amanecen a diario en este bello rincón de la localidad riojalteña de Haro.
Ese vaso comunicante entre tiempos dispares emociona y muestra un alma sublime, el alma del vino, término que da vida a este blog que usted sigue a diario, querido amigo lector.
Etiqueta legendaria, con inicio en el año 1916, Viña Pomal Gran Reserva se elabora con frutos procedentes del legendario viñedo de poco más de cien hectáreas que forma parte de la propiedad vitícola de Bodegas Bilbaínas desde 1908.
Vino catado con la asistencia guíada del masterwine Tim Atkin, esta añada 1987 se llevó a buen término con la conjunción varietal de las uvas tempranillo, base mayoritaria con un setenta y cinco por ciento, diez porcentual de garnacha, dejando la cantidad restante para las castas mazuelo y graciano.
Tras la preceptiva fase de vinificación, maduró durante un año en tinas de madera de roble de treinta mil litros y ciento treinta y cinco años de antiguedad, manteniendo a continuación una crianza en barricas de madera de roble hendido americano durante un periodo de sesenta meses.
En copa parada manifestó una cromática que por si misma pone firma a la condición de vino de ilustre progresión en el tiempo, rubídeos brillantes y limpios, con algunos reflejos cobrizos y atejados, iodes griego. Nariz que afianza descriptores que en primera instancia formalizan evocaciones muy influenciadas por la madera continente, la fruta no aparece en los primeros minutos, aunque en estos vinos suele pasar y hay que armarse de paciencia. Agito la copa en busca de aireación, surgen barnices y ebanistería, flores marchitas, algún esbozo tímido de caja de puros, insinuante sensación de manzana reineta asada, con un tímido final que se muestra entre licoroso y evolucionado.
No apunta hacia el horizonte frutal, se muestra bastante terco, y son los detalles de la madera los que siguen afianzando su influencia.
Pruebo con la boca, la entrada es pacífica, la acidez aparece un tanto desvanecida, todo lo que resta de fruta con el paso inquebrantable del tiempo aparece en franca disminución, como si la evolución del vino durante su guarda en botella hubiera puesto en fuga los recuerdos de la fruta.
Tanicidad que intenta sin conseguirlo, sobresalir. Parece que el vino estuviera en su curva de declive.
En la prolongación, esa persistencia justiciera a veces, hay claras señas de evolución, eso que algunos califican con el feo término oxidación, una punzada y nada más, pero por desgracia no le hace ninguna justicia.
No lo califico, como siempre hago cuando cato vinos de añadas antiguas y demuestran no estar en la plena forma deseada. Desconozco cuantas botellas de esta añada fueron descorchadas y presentadas en cata, pero lo cierto es que el vino que llenó mi copa ofrecía claras señas de cansancio expresivo. La retronasal insiste en los descriptores de la fase olfativa, con incidencia de barnices y flores marchitas, trémulos puntos de caja de puros, licorosidad y alguna pasificación que nubla su claridad.
Como es habitual en mi antes de abandonar la sala quiero darle otra oportunidad.
Las señas de cansancio que acreditó el vino desde el comienzo de su cata se repiten.
En cualquier caso es siempre un honor poder descubrir tantas sensaciones, aun y cuando la fruta cansada y la madera cierren la puerta de la brillantez y el buen estado de forma.
No siempre son objetivos posibles de alcanzar.
Quiero agradecer personalmente a los responsables de Bodegas Bilbaínas, siendo esta la última entrada que les dedico, su cordialidad y buena disposición durante todo el evento de La Cata del Barrio de la Estación. Siempre es un placer poder dedicar mi divulgación a bodegas con tanta historia a sus espaldas.

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