lunes, 21 de septiembre de 2015

Bodegas Bilbaínas Royal Carlton Brut Nature Cuvée Especial.





Viura y malvasía a parte iguales forman el alma de este espumante brut nature, que Bodegas Bilbaínas defiende en el mercado desde que yo tuve uso de razón e incluso más allá.
La imagen de Royal Carlton, en efecto, forma parte de la memoria de muchos de nosotros, al igual que sus aromas verdes y ligeramente florales, con el punto balsámico de profundidad que en los últimos años aparece bien acompasado por algunos recuerdos, muy sutiles eso sí, de certera y fina untuosidad, haciendo de él un vino espumoso más amable y tal vez menos percutor de lo que probablemente llegó a ser en tiempos pretéritos.
Es evidente que el presente de algunas etiquetas mantiene alzado el icono tradicional que las representa y diferencia del resto de propuestas del mercado, manteniendo firme el guión pero adaptando sus características a las circunstancias de los tiempos.
El sábado, en el patio de la entrada principal de Bodegas Bilbaínas, y en compañía de un buen grupo de amigos pude catar y degustar esta referencia del dominio, que nos vino muy bien, habida cuenta del numeroso grupo de vinos tintos que habiamos catado con anterioridad. El efecto desengrasante del paladar y la magia refrescante de un espumoso junto con el gracejo y desenfado de una pequeña pero consistente ración de caparrones de Rioja con sus sacramentos que el equipo de cocina del Restaurante Asador Tinto, localizado en Haro, había preparado para la ocasión.
Puedo afirmar sin duda alguna que la fuerza reponedora de ambos ingredientes sirvió de tregua para la agradable y percutora potencia de los precedentes vinos tintos degustados. Uno refrescando, el otro creando base en el estómago a fin de poder proseguir el maravilloso camino que las siete bodegas del Barrio de la Estación nos habían delineado.
El caparrón celestial en cuanto a sabor, bien condimentado, con el unto dejando notas procedentes de las hortalizas que sirven para acompañar la legumbre. Cierto es que alguna de las alubias y al menos en la tanda que nos tocó, aparecía un tanto dura, pero no lo critico, más bien lo anuncio para que de cara a otras ocasiones sea tenido en cuenta. Y no lo critico, ya que el plato fue bien entendido, mejor digerido y plenamente celebrado.  El engarce de chorizo y tocino que bendecía el guiso muy apropiado, sin aportar sensaciones grasas y magnificando la estampa, más si cabe.
En lo que se refiere al Royal Carlton, como ya he dicho basado en paritarios aportes de viura y malvasía y engalanado con su condición de cava, plantea en copa parada una cromática delicada con matices amarillo pálidos y reflejos acerados e insinuantes verdosos. La nariz recibe notas expresivas que recuerdan frutas cítricas y blancas, algunas flores blancas y evocaciones silvestres, todo ello sobre una cama balsámica no muy marcada, guiñando al final un ojo de levaduras.
Hay muy breves descriptores panaderos, y la fruta y los conceptos florales son los que dominan la escena con evidente holgura.
Boca que arranca desde la frescura, con la acidez controlada y equilibrada, cierta huella untuosa en el avance, media envolvencia, surcando la vía que conduce al paladar con ese efecto desengrasante del que antes hablaba.
Diría que no es un espumante con exceso de pretensiones, y en cambio logra una de las mayores virtudes que se le pueden pedir a este perfil de vinos, no percutir, avanzar sin aristas y altibajos, buena integración, burbuja fina y alcance en la llegada final. Prolongación no le falta, notas varietales tampoco.
En la fase retronasal surgen evocaciones de limón y pera, suave nota de manzana, con algunos pétalos florales blancos, heno y levadura, marcando al final una huella balsámica muy delicada que evoca hinojo. Lo califico entre recomendable y muy recomendable.
Divertida fusión gastronómica que cumplió las expectativas en una jornada histórica celebrada en uno de los rincones con más solera de la geografía vitivinícola nacional e internacional.

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