domingo, 20 de septiembre de 2015

Bodegas Bilbaínas La Vicalanda Reserva 2010.




Vino catado durante mi asistencia del sábado a la segunda jornada de La Cata del Barrio de la Estación. Acceder a Bodegas Bilbaínas es encontrarse con el trabajo profesional del enólogo Diego Pinilla y su equipo, puede que uno de los elaboradores de Rioja menos conocidos que acredita, sin embargo, una amplia singladura laboral que comprende ejercicios profesionales en el Grupo Domecq, además de vinificados en Nueva Zelanda, Chile, Australia, Napa Valley y Saint-Emilion.
Ingeniero agrónomo, Pinilla fue galardonado en el año 1997 con el Premio de la Academia de Agricultura francesa y desde el año 2007 ocupa el cargo de enólogo en esta bodega del Barrio de la Estación.
Tuve la suerte de conocerle durante una de las últimas ediciones de las Jornadas de la Seta y el Champiñón de Autol y en este ocasión, con el Barrio de la Estación de Haro engalanado para una histórica cita con la cultura del vino, coincidí con él brevemente durante la primera jornada, minutos antes de comenzar la gran cata dirigida por el masterwine británico Tim Atkin.
Un día después, ayer sábado, y durante mis incursiones por todas las bodegas de este legendario emplazamiento de la localidad riojalteña de Haro, pude catar y degustar este La Vicalanda, que en su edición de añada 2010, nos fue ofrecido por los responsables de este dominio vitivinícola centenario.
Monovarietal de la casta tempranillo, fundado en una selección primaria de uvas en el viñedo, procediendo ya con el fruto en bodega a procesos de despalillado y estrujado, maceración y fermentación alcohólica, que preceden a una maloláctica en barrica y que se extienden durante un periodo de tres semanas.
Maduración en barricas de roble francés Allier, con una proporción de madera nueva del cincuenta por ciento, dejando que la crianza se prolongue durante catorce meses, con un afinado adicional en botella por veinticuatro meses.
En copa parada muestra una cromática intensa y cubierta, con tonos apicotados y reflejos violáceos.
Nariz que presume de fruta roja y negra maduras, aquella más marcada que esta, ofreciendo en segunda instancia matices confitados suaves que abren un espacio seguido a memorias de fragancia balsámica, algunos guiños especiados dulces y un fondo que queda dirigido a sensaciones torrefactas.
Abre en boca con jugosos apuntes, la fruta encaramada en el avance, buena traza de acidez, despliega frescura y la tempranillo se hace sentir con intensidad y cierta lozanía. Taninos golosos y aún algo marcados, aunque es la persistencia la que ofrece a los sentidos del catador el mejor premio.
La retronasal enciende memorias de cerezas y moras, un guiño breve confitado, regaliz y apuntes especiados y de fina cremosidad procedentes de la madera, vainilla pero también pimienta, sentido torrefacto que dirige hasta un final que hace salivar y que prolonga la capacidad expresiva del vino.
Estructura y condición, tiene longitud y alcance.
Lo califico en esta edición de añada 2010 como muy recomendable.
Aunque intuyo que es un vino con larga vida por delante mediando una guarda responsable, tiene un presente más que afinado. Listo para ser disfrutado.

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