sábado, 8 de agosto de 2015

Pedro Balda Viticultor Majuelo de la Rad Cosecha 2010.





Tenía yo unas ganas especiales en catar alguno de los vinos surgidos del hacer de Pedro Balda, viticultor antes que cualquier otra dedicación, hombre de vino de los que no abundan y que hacen de su esfuerzo y trabajo algo más que un quehacer diario, una faena personal dedicada a la pasión y como bien indica el propio Balda a aquellos viticultores sonserranos que antes que él, ejercieron con mimo ese cultivo ancestral en el majuelo que plantaron y cuyo vino elaborado con esos frutos, no pudieron beber. Homenaje sincero, recuerdo que le honra.
Tengo yo ganas de conocer en persona a Pedro, a poder ser como ya quedamos tiempo atrás en esas tierras que tan bien conoce y que sin duda tantas satisfacciones le dan y nos dan, como por ejemplo con este vino de cosecha, el Majuelo de la Rad en edición de añada 2010, franqueza varietal y personalidad propia y destacada.
Ausencia de sulfitos, buscando salvaguardar la identidad del fruto empleado, sin empleo de levaduras ni acelerantes de los procesos de fermentación, y como insiste Balda dejar que todo ocurra de forma natural, sin estridencias ni agentes que adulteren la vinificación.
El vino de cosecha que hace Pedro Balda surge del empleo de los racimos más compactos, dotados de menor nivel de concentración, procediendo con un despalillado mecánico y fermentación espontánea
En copa parada manifestó una cromática apicotada de buena intensidad con algunos reflejos púrpura e incipientes grana, deslizando en nariz recuerdos de frutas roja y negra en sazón, con algunos destellos especiados ligeros en segunda instancia, dejando en el fondo y perímetro aromático cierta condición protagonista para suaves notas balsámicas y de arbustos, que redondean la expresión del perfume, este siempre presidido por la expresividad de la tempranillo sonserrana, altiva y golosa.
La boca nace equilibrada, con sustancia y empaque, avanza con una buena nota de frescura, la acidez integrada y longitudinal, taninos golosos y pulidos, franqueza varietal en la persistencia, esbelto y dotado de viveza y personalidad.
Bajo mi punto de vista sí se puede contemplar al Majuelo de la Rad en esta edición de añada 2010 como un vino rotundo, equilibrado, expresivo y con la virtud de la excelencia, uno de esos vinos que desde el primer segundo en su apreciable compañía dan la bandera de salida a una apasionada carrera personal por llegar a interpretarlo del modo más afinado posible.
Y es que en la cata de este Majuelo de la Rad Cosecha 2010, sin que lo considere sugestión, se ve más allá de la etiqueta una serie de evocaciones al terruño, al campo y a su entorno biológico, que para nada pasan desapercibidas.
Sólo me arrepiento, tal vez, de no haberlo catado a ciegas.
Retronasal que acredita memorias de cerezas y ciruelas rojas, punto menor de moras, con algunas señas de matorral, regaliz y especiados complejos, afirmando hacia el final un guiño que podría definir como mineral, aunque por momentos se fusione con retornos que me han recordado a una típica salida primaveral al campo, a ese entorno natural que sirve a Balda para edificar su pasión por este fascinante y beatífico universo de la vitivinicultura.
Lo califico en su edición de cosecha 2010 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Y además me atrevo a pedir a quienes decidan acercarse a este vino, unos minutos de reflexión, y alguna dosis de paciencia para presenciar como progresa en botella y en copa tras descorche y primer servicio. De verdad, les garantizo una plena satisfacción.

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