domingo, 9 de agosto de 2015

Guarda responsable en botella : B de Basilio Blanco 2009.




http://almavinocuatre.blogspot.com.es/2012/02/bodegas-aguila-real-b-de-basilio-2009.html

Comienzo esta entrada de hoy en el blog con un enlace al pasado de este espacio con pretensiones divulgadoras de la cultura vitivinícola que dirijo y que hace referencia a una cata pretérita, la de la referencia blanca por excelencia de cuantas surgen del trabajo de Basilio Izquierdo.
Entrada que se remonta al mes de febrero del año 2012, y que sirve de cita notarial para aquel vino que recuerdo pude degustar con amplitud en los prolegómenos de una cena familiar navideña.
Y lo hago porque hace pocos días pude comprobar con el propio Basilio presente y gracias a su generoso aporte, como ese mismo vino en la misma edición de añada ha ido ganando terreno, mediando una guarda responsable de botella, facilitada sin duda por la experiencia y el mimo de su propio albañil vínico. Sobra decirlo, sería raro considerar que alguien con la capacidad que Basilio ha demostrado tras tantos años de profesión no tenga el cuidado suficiente como para saber guardar las botellas de vino de un modo responsable, dispuesto en ese cauce a comprobar años más tarde como van evolucionando.
Curioso, en plena mesa de cata no recordé qué añada había catado en aquella nochebuena de 2011, y cuando llegué a casa tras degustar en plenitud el vino que Basilio había descorchado en pleno verano de 2015, fue lo primero que consulté. Y para gozo personal, comprobé que tal y como sospechaba la coincidencia era absoluta. Misma añada con algunos años de distancia entre cata y cata.
Estas son unas de las muchas situaciones que hacen disfrutar a un catador y escritor de vinos.
Para eso sirve nuestro personal cuaderno de bitácora, ese diario a veces íntimo y otras no tanto, que bien empleado nos sirve de aprendizaje, compartido hasta un punto y más extenso en el secreto, con las notas de esa agenda que entre la cabeza, nuestra memoria, y los apuntes que vamos tomando arman un inmejorable relato lleno de leyendas y realidades.
Sabe Basilio Izquierdo que su vino tiene una magnífica progresión en botella, que aquella botella que descorchó en pleno periodo estival de 2015 iba a demostrar a todos los presentes que el B de Basilio blanco en edición de añada 2009 no es un vino cualquiera, que puede sentirse más que orgulloso de haber planteado un vino con condición, elegante, untuoso, creciente, lleno de empaque y personalidad. Y lo sabe porque según mis sentidos iban captando con lentitud cada uno de los esbozos que desde dentro de la copa y en dirección a mi fuero interno surgían, le dije algo así como Basilio, está estupendo, a lo que él me respondió con un guiño.
Plena forma para un vino de un hombre que sabe envejecer el fruto de su pasión, que atesora una dedicación que comenzó cuando yo aún jugaba a los indios y vaqueros y que en este presente tan cambiado sigue dando frutos geniales en forma de un cromatismo precursor que ya advierte de estar delante de un referente poco habitual en la denominación y que Basilio ensalza hasta límites dignos de aplauso. La garnacha blanca, esa uva a veces tan incomprendida, poco valorada en Rioja, y que este hacedor de vinos defiende hasta el propio arte personal de saberla envejecer.
El B de Basilio Blanco en edición de añada 2009 despertó en aquella Navidad de 2011 una unánime aclamación mía y de mi suegro, que fuimos quienes lo disfrutamos desde nuestra común predilección por los vinos blancos de Rioja. Y ahora, ya en este venturoso verano de 2015 volvió a repetir aplausos, con diferentes testigos, pero con la buena suerte por mi parte de estar presente de nuevo en el descorche.
Lo dicho, preponderancia de la casta garnacha blanca, con algún aporte menor de viura, con battonages manuales y giro diario de barricas, fermentación en barricas nuevas borgoñonas y en dos garrafas de vidrio durante un periodo de seis meses, tras prensar la uva entera y desfangar.
Al vino se le nota el aprecio de su creador en el ejercicio de sus funciones, y tiene un presente cargado de matices y complejidades, nada endomingadas, pero hermosas y llenas de ese componente de gallardía que hace que todos los vinos no sean iguales.
Copa parada que nos envía fotogramas cromáticos de tonos amarillo pajizos y dorados, con buen brillo, deslizando en nariz recuerdos de fruta blanca madura, algún reflejo que evoca a membrillo, matizado por un perímetro de fragancia cítrica, algunas notas de frutos secos bendecidos por un toque láctico, especiados dulces, tostados, flores blancas y amarillas, y un final de perfume que envía detalles balsámicos que redondean su personalidad aromática y que otorgan al conjunto una complejidad llena de elegancia.
En una segunda cercanía a nariz desenfunda una memoria de mantequilla, con almendra y con melocotón de viña en sazón, con una reiteración amable del componente frutal cítrico.
Boca que arranca con señas golosas, la fruta se abre paso con ese punto imperioso que le da una viva acidez, desplegando frescura y un gesto carnoso, de la drupa, del testigo amable de la garnacha blanca que concede al vino sedosidad, untuosidad, terciopelo, llegando al paladar con envolvencia y sellando un encantador instante de gozo y reflexión.
Hay aparejo de cremosidad procedente de las barricas, pero sobre todo se siente el meticuloso ejercicio de battonage empleado por Basilio que en definitiva es lo que concede al vino toda esa amplia nota de volumen y terciopelo gustativo.
Veo que es un vino que progresa con los años y mediando una guarda responsable en botella, desde lo frutal y floral hacia directrices de fruta bien envejecida, que no marchita, sino rotunda y emocionante en viveza y capacidad de expresión.
Sabroso, con un ligero amargor que asienta el epílogo en una mecedora capaz de abrazar el paladar con tiento y sapidez.
La madera aporta pero ha dejado que sea la fruta quien se consolide como el eje motor de esta añada 2009 del B de Basilio blanco, con sustancia y elegantes y emotivos giros.
Rotundo en su avance por boca, aporta en la vía retronasal similares sensaciones a las descritas durante su paso por la vía olfativa, dando un punto cítrico menos intenso y una condición puntera a la fruta blanca y al membrillo, orillando los recuerdos florales y convirtiendo el epílogo en un atractivo folklore en el que los frutos secos, los especiados dulces, los tostados y la mantequilla dejan paso a evocaciones esbeltas balsámicas.
Estupendo, amable, elegante y equilibrado.
Su guarda responsable en botella le ha concedido galones de almirante.
Lo califico en esta añada 2009 y a día de hoy como más que muy recomendable.
Curioso, ya lo fue para mi en aquella Navidad de 2011. Y ahora lo sigue siendo. Ello, incluso contando el paso de varios años.


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