lunes, 24 de agosto de 2015

Gonzague Maurice Vigneron Clos du Pavillon La Petite Folie 2012.






Mi agradecimiento a Gonzague Maurice por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura vitivinícola, mediante el envío de varias muestras de sus principales referencias, siendo este Clos du Pavillon La Petite Folie en su edición de añada 2012 la primera de ellas que he catado y que hoy me dispongo a comentar en la presente entrada del blog.
Monovarietal de la casta merlot, estamos delante de la pequeña locura de Maurice, un vino elaborado con frutos vendimiados en viñas asentadas en suelos de composición arcillo arenosa, con el sello del lado derecho del río, y con la siempre inestimable colaboración de la esposa de Gonzague, Marjolaine, con quien inició su proyecto profesional allá por el año 2005.
En su proceso de vinificado, este hacedor de vinos bordelés, tras la vendimia manual, utiliza prensa vertical y en lo que se refiere a esta pequeña locura suya, surgida de una sola héctarea de plantación en propiedad, una fermentación alcohólica que se desarrolla en pequeños tanques de cemento termo regulados, procediendo después a una crianza en barricas de madera de roble francés durante doce meses, añadiendo seis meses más en tanques de hormigón.
Copa parada que expresa una cromática apicotada con reflejos púrpura, buena sensación de brillo, ampliando en nariz a tonos de fruta negra y roja maduras, alzando algunas notas especiadas ligeras y suaves tostados que se manifiestan con más intensidad que aquellas, dejando un guiño que recuerda a granos de café. En cualquier caso, y siempre a mi juicio, es este un vino de marcado carácter mineral, aunque este descriptor se muestra con mayor claridad en la fase gustativa y en vía retronasal.
Apreciable fuerza frutal en el arranque, con un buen equilibrio en la progresión, tiene buena expresión de lozanía, frescura y señas de buena envolvencia, predica una buena extracción, con los taninos golosos y finos, carnosidad y finura bien complementadas.
Buena sensación de persistencia, indicando en la retronasal memorias de fruta roja y negra madura, algunos especiados y seguidilla balsámica, ampuloso en los retornos procedentes de la fruta finalizando en un magnífico brote de mineralidad que prolonga su expresión y que le aporta un sello de excelsa personalidad.
Un vino con dotes de excelencia que define bien la merlot bordelesa y que califico en esta añada 2012 como muy recomendable.



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