lunes, 17 de agosto de 2015

Finca Torremilanos Bodegas Peñalba López Blanco (sin sulfitos) 2009.



Fue un placer, hace pocos días, conocer delante de una mesa de cata, presidida por Basilio Izquierdo, a Ricardo Peñalba, enólogo, y a su primo Miguel Angel, representantes de Finca Torremilanos, una bodega arandina que atesora en su haber una larga tradición familiar en el cultivo de la vid y en la elaboración de vinos.
Máxime cuando ambos se presentaron portando un vino blanco sin sulfitos, una expresión mayoritaria de la casta viura, soportada por menores proporciones de blanca del pais y de blanca jaén, frutos procedentes de fincas de la propiedad que acreditan una antiguedad de más de setenta años. Vino blanco que se identifica con una prueba de bodega y que no está en el mercado.
Un lujo para el catador y escritor de vinos, creánme.
En su vinificado se procedió con un proceso de fermentación en barricas usadas de madera de roble francés y rumano, con permanencía sobre sus lías durante un periodo de cinco meses.
A continuación el vino se consolidó en huevo de hormigón de seiscientos litros, por un periodo de dieciocho meses.
Continente peculiar que facilita la micro oxigenación además de un suave pero efectivo movimiento interno del vino, sin que para ello se precise la ayuda de la electricidad ó de cualquier otro agente energético, buscando y encontrando un redondeo del vino y en el caso que nos ocupa una buena repercusión de las lías.
Este vino blanco no fue sometido a filtrados ni clarificados, y como ya he dicho no tiene sulfitos.
Producción estimada en setecientas botellas, que Ricarso Peñalba muestra con indisimulado orgullo personal y profesional, y desde luego no es para menos.
Cromática limpia, con tonalidades amarillo pajizas e insinuaciones doradas, despliegue aromático que trae recuerdos de fruta cítrica y blanca, perímetro floral blanco y amarillo, notas lácticas y balsámicas, hay espacio para algunas memorias de frutos secos, incluso en una segunda cercanía olfativa me seduce con un apunte que me ha recordado a gâteau de almendra. Tiene un guiño evolutivo muy integrado y a mi juicio sugerente, que redondea su expresividad y alarga en buena medida su intensidad aromática.
No me canso volviendo sobre la copa, y en sus retornos frutales me recreo, con segundos descriptores que muestran sensaciones de manzana, limón, ciruelas claudia maduras, breve tono de membrillo, pera de agua, y esa punta de frutos secos que lo engalana aún más allá.
Sabroso en su entrada en boca, con la traza de acidez bien perfilada y definida, los tonos golosos y jugosos llegan hasta el paladar, con untuosidad y un afable amargor que aparece integrado en el conjunto, dotando al vino de personalidad.
En la retronasal y además de los recuerdos frutales ya aparecidos en su paso por la vía olfativa, añado flores silvestres, camomila, algunos arbustos, cremosidad y balsámicos que apuntan a evocaciones de resinas e hinojo.
Placentero, elegante y pleno en expresión, lo califico en esta añada 2009 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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