viernes, 21 de agosto de 2015

Basilio Izquierdo Acodo Rosado 2011.




De vez en cuando es bueno saltarse a la torera las leyendas urbanas y los excesos de presunto conocimiento en el mundo del vino para gozar abiertamente de vinos que serpenteando las curvas y las no siempre lógicas exigencias del mercado, tienen un presente espectacular, lejos de dogmas que lo único que hacen es enmascarar eso que algunos denominan criterios razonables.
Hasta hace poco escuchaba yo como todos los vinos rosados de Rioja había que beberlos pero ya, que eran bastante cortos en vida, y que las añadas tenían por necesidad, que ir sucediéndose prestas para motivar al consumidor. Por ejemplo, una añada 2011 como la que ocupa el protagonismo de la entrada de hoy en mi blog debiera haber sido consumida en su momento justo, desde luego nunca en agosto de 2015.
Fue Ezequiel García, El Brujo de Rioja, el primero que puso delante mío sus más que serías dudas al respecto, hablando de evolución gratificante y en botella de algunos de esos vinos que para la mayoría no aguantan tres telediarios.
Y lo hizo no sólo a través de la teoría, sino con una muestra práctica de ello, que desde luego me satisfizo. Hace pocos días, otro grande de la denominación, Basilio Izquierdo, puso en entredicho la leyenda urbana y una tanto alimentada por la ignorancia, cuando sacó de su chistera particular este Acodo en la edición de añada 2011.
Es evidente que estos claretes de Rioja, rosados para bien del marketing; tienen una evolución en botella que a corto medio plazo nunca debería obviarse.
Y nosotros, no lo hicimos.
Mano a mano y con el sol ya metiéndose por el horizonte, catamos y degustamos este vino surgido de su trabajo. Como siempre la peculariedad persigue las elaboraciones de Basilio, con un vino que comprende una conjunción varietal de garnacha, en algo menos del setenta por ciento, y garnacha gris, algo más del treinta. Con un fermentado en barrica por un periodo aproximado de ocho meses, el rosado de Izquierdo no es cualquier vino, tiene personalidad, arma su paso por boca con la gallardía de los grandes momentos de catador y escritor, esos que siempre suponen dar un paso adelante en los juicios de valor de quienes dedidamos parte de nuestro tiempo a este mundo de sensaciones.
Cromática asalmonada, con algunos reflejos piel de cebolla, desplegando en su cercanía olfatica recuerdos de fruta cítrica, especiados dulces, ligera licorosidad, apreciando en segunda instancia tonos de ebanistería, algún tono terciario y en el final una golosa nota que me ha recordado guindas y aguardiente de cerezas, estos dos descriptores en suave intensidad.
Boca que conjuga bien frescura y cierta calidez, untuosidad media, con un sabroso equilibrio entre fruta y madera, franca seña de persistencia que deja paso a las sensaciones retronasales, fruta roja licorosa como protagonista, algunos guiños de madera de noble ancianidad, con retornos de hoja de tabaco y especiados. Finaliza con la golosidad de la garnacha llenando la boca.
Un vino que catado hace pocos días y en su añada 2011 califico como muy recomendable.
Y no olviden que hay rosados en el mercado que aguantan con solvencia, y mediando una guarda responsable, el paso del tiempo. Este, con las dos garnachas como actrices principales, es uno de ellos.

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